Por todos los océanos navegan barcos griegos a los que temen los de las otras banderas porque sus capitanes desprecian el RIPA, el imprescindible “Reglamento Internacional para prevenir los abordajes”.
En los canales, como el de La Mancha, o en cualquier estrecho entre sus islas, deben ir con su estribor, la derecha, frente a esa costa, pero ellos navegan por el centro o cerca de la costa a babor poniendo en peligro los barcos que se cruzan, echándolos sobre las rocas.
Han provocado así numerosos accidentes, siguen navegando, y a pedir indemnizaciones después a los seguros falseados como los del Prestige.
Desde Ulises, sus armadores, barcos y tripulaciones representan la historia y la cultura griegas, y su comportamiento es una manifestación de su carácter.
Navegan tapándose oídos a los cantos de las sirenas y a las leyes internacionales de las que depende nuestra supervivencia. Si les apetece convocan un referéndum entre sus tripulantes para que ratifique que tienen derecho a no respetar el RIPA.
Viven peligrosamente y hasta con la chulería que demostró en los últimos meses Alexis Tsirpras, el líder de la ultraizquierdista Syriza, ahora castigada, humillada y enjaulada. Como merece.
Dijo que no iba a virar a estribor para evitar la colisión con toda la UE, y la flota comunitaria, que no se achantó al verlo navegar peligrosamente para todos por el canal, le obligó a cambiar rumbo y velocidad, a pegarse al costado obligatorio.
Y le advirtió que si no lo hacía el portacontenedores blindado alemán lo echaba a las rocas, con o sin referéndum de sus marineros.
Esta vez el capitán Tsipras se ha asustado, se ha pegado a su costa, y navega lentamente con la sonda y el radar explorando bajos y rocas que pueden hundirle el barco.
Antes, si Grecia hubiera gobernado según el RIPA podría ir a toda máquina. Ahora está totalmente intervenida, con miles de prácticos de canal, “hombres de negro”, al mando de sus políticos. Por chulos.
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Yo no sé qué marino resentido le habrá contado el bulo de los barcos griegos que se salgan las normas, pero dé por seguro que le han engañado. Cualquier patrón de embarcación sabe que a la mínima infracción pierdes la licencia y puedes ir a juicio si pones a otros en peligro. La "ley de la jungla" en el mar es tan imposible como en las calles. Puedes hacer la pifia una vez. Dos, no te dejan.
Publicado por: Lezo | miércoles, 15 julio 2015 en 09:56