Recuerde usted al león cobarde de “El maravilloso Mago de Oz” que huía aterrado de todo animalillo que lo mirara.
Así parecen ahora los viejos leones del PSOE, antes orgullosos, que se limitan a rezongar viendo al maravilloso Mago Zapatero desmantelar lo que ellos construyeron.
Felipe González, olvidando que dejó morir a grapos en huelga de hambre, defiende ahora la excarcelación de De Juana. Detesta a ZP, pero más aún al PP.
Joaquín Leguina, que presidió la Comunidad de Madrid, sólo se queja del actual PSOE en entrevistas muy medidas sugiriendo que a su partido lo gobierna ahora una banda ajena a su historia.
Juan Carlos Rodríguez Ibarra, presidente de Extremadura, enuncia frases tronantes contra las iniciativas de Zapatero, como los Estatutos de Cataluña o de Andalucía. Pero asiente a lo que ordena el Mago, protegido por la gran tramoya búlgara del Comité Federal del partido.
Lea lo que escribe Alfonso Guerra, en su revista Sistema, advirtiendo que España está dejando de ser el país de la solidaridad entre los ciudadanos y los territorios.
Otro león, Francisco Vázquez, se ha escurrido al recibir el regalo de la embajada en el Vaticano: entre mitras y curias ya no pontifica sobre cómo serán dentro de una década los españoles divididos. Su mundo ya no es de estos reinos.
Todos gruñen. Pero bajito. Y cuando hay que asentir o no a las liberaciones de sádicos etarras, o a estatutos que rompen la igualdad ciudadana, los viejos leones aplauden, en el Parlamento, en el Senado o, como el último fin de semana, en el Comité Federal, máximo órgano socialista entre congresos.
Los legatarios de la historia socialista se han vuelto leones cobardes ante el Mago de Oz, hombrecillo engrandecido por espejos y máquinas de hacer ruidos.
Muy bien, muy bien.
Publicado por: Arturo Solís | miércoles, 07 marzo 2007 en 16:27