Cuando parecía que íbamos hacia una sociedad en la que el Dios cristiano quedaba para la intimidad y dejaba de dirigir la vida pública, está entrando en su lugar Alá.
Como si volviéramos a antes de la Ilustración, iniciada en 1689, hace 317 años, cuando se aprobó en Inglaterra el Bill of Rights.
Declaración de Derechos: estableció el poder no venía de Dios, sino de un contrato entre el rey, el parlamento y el pueblo. El clero y la fe dejaron de dirigir las sociedades avanzadas.
Hobbes, Locke y la Enciclopedia Británica inspiraron las revoluciones francesa y americana. Tras su triunfo, Marx decía que la religión es el opio del pueblo.
La desacralización del poder y de la política llegó muy tarde a España. Franco todavía fue Caudillo “por la gracia de Dios”. Pero eso acabó, y la Iglesia católica, como las ideas cristianas, han perdido casi toda su pasada influencia.
Pero aparece impetuosamente el islamismo con conceptos y exigencias medievales, hostiles al Bill of Rights. Ordena que Alá lo sea todo, y los humanos, sus siervos incondicionales.
Muchos laicos españoles de los que eliminaron el “por la gracia de Dios”, se pliegan, intimidados, y no se atreven a denunciar esas creencias que imponen reglas enemigas de la Razón y de la Ilustración.
A quien denuncia esta nueva esclavitud le llaman islamófobo. Pero solamente es teófobo. El teófobo no es necesariamente ateo. Simplemente, se reclama que ninguna religión le ordene a los ciudadanos normas contrarias a la razón.
Viene un mundo que exige la sumisión, la esclavitud religiosa. Todo pensamiento y actividad centrados en rezos. Un mes de hambre. Fieles-siervos-misioneros-soldados: sociedades empobrecidas porque un totalitario opio religioso las vampiriza.
La teofobia de 1689 inició nuestro progreso: volvemos a necesitarla enormemente.
Totalmente de acuerdo. Salimos de Guatemala para meternos en Guatepeor. Una desgracia.
Publicado por: Carles | domingo, 12 noviembre 2006 en 13:10