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sábado, 02 septiembre 2006

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Mi padre tuvo la oportunidad de hacer sus primeras letras en castelán ademais do galego natal, allá en Pontevedra. Después se lo tragó la guerra, a temprana edad, pero a pesar de ello pudo recuperar su tiempo y su educación antes de llegar Buenos Aires.

Supo enseñarnos las bondades de una muy buena educación, basada en la lectura y el aprendizaje constantes, y recordamos de él tanto su formal y correcto castellano, como el arrullo do seu galego a la hora de las memorables anécdotas y los modismos porteños que adoptó sin condicionamientos.

Tal vez un adelantado en su época, Manuel, pero para nosotros -sus hijos- su anhelo de superación fue el mejor legado.

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