Últimamente se conoce poco a los nuevos premios Nobel de Literatura en los países de habla española, como ocurre con la ganadora este año, Herta Müller, nacida en la minoría alemana de Rumania, y narradora de la vida del país bajo el comunismo.
En una curiosa coincidencia el nombramiento de Müller se produjo cuando se estrenaba en España la película Katyn, del director Andrzej Wajda, hijo de uno de los 22.000 oficiales del ejército polaco asesinados por el Ejército Rojo a tiros en la nuca tras la invasión de su país gracias al acuerdo Hitler-Stalin para repartirse Europa.
Müller viene a llenar algunos de los muchos huecos que quedan sobre los Paraísos del Proletariado que, como Polonia o Rumanía, se crearon bajo dominio comunista.
Hermann Tertsch, hijo de un austríaco que huyó del nazismo y el periodista español mejor informado sobre el mundo de habla alemana, explica la ignorancia hispana sobre la galardonada:
“En un país como el nuestro en el que los comunistas irredentos son tantas veces aclamados, en el que ser anticomunista resulta un estigma y Santiago Carrillo, amigo y protegido de Nicolae Ceaucescu, es asesor áulico en historia y cultura para el Gobierno y la prensa amiga, no debe extrañar que Herta Müller sea una extraña”.
Exacto: por temor a ser tachado de franquista aquí casi nadie se atreve a denunciar a algunos antifranquismos.
Y debe decirse: quienes hemos vivido en los paraísos comunistas hemos visto un terror planificado, implacable e invariable durante décadas mucho peor que el que produjo el franquismo, con excepción del de sus primeros años.
Es tiempo de exigir la “memoria histórica” de los españoles que dan lecciones de democracia y que admiraron y se aprovecharon del espacio siniestro y terrible que describe Herta Müller.