Yvo de Boer, Secretario de la ONU para el cambio climático, estuvo esta semana en España, donde se reunió con el Gobierno y con diputados y senadores, y les advirtió que para evitar que los mares inunden muchas costas, deberán contar con la energía nuclear como una de las fuentes básicas de energía.
Planteó un dilema: O energías renovables acompañadas de plantas nucleares, sin carbón y petróleo para evitar la producción de CO2, o este gas hará que el calentamiento del planeta suba el nivel de los mares.
La pescadilla se muerde la cola, señor Rodríguez Z.: al rechazar nucleares y a la vez CO2 pondrá usted la electricidad tan inaccesible para empresas y ciudadanos que no podremos pagarla y nos devolverá al hambre y al tercer mundo.
Es que sus molinos de viento y paneles solares no mueven trenes a 350 kilómetros por hora o grandes industrias en días sin viento y nubosos. Esa electricidad no haría circular ni una carrilana ayudada por viajeros remando como galeotes.
Y todo esto, a condición de que creamos que el CO2 es malo. Porque siempre fue bueno para producir alimentos. Y también, si creemos que sufrimos un calentamiento global, que parece que no, porque la temperatura de la Tierra está como hace dos décadas; aunque esa sea otra discusión.
De Boer dice que deberemos pagar el exceso de producción de CO2, pero China y la India abren cada día nuevas plantas de energía con carbón. Y dicen que, o les pagamos patentes de energías limpias e instalaciones nucleares, o seguirán multiplicando el dióxido de carbono.
Aclárese, don José Luís Rodríguez Z.: O nucleares, como dice De Boer, o CO2.
Y pronúnciese sin falsear datos, como en su entrevista en la Cuatro sobre Garoña.