Aunque el término “cohechable” no exista, inventemos el neologismo para definir a las personas con poder político o jurídico que se prestan al cohecho, esto es, a dejarse corromper por quienes dependen de ellos a condición de favorecerlos.
Ahora mismo el presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, es cohechable ante la justicia por haber aceptado, supuestamente como regalo, cuatro trajes y unos zapatos de la trama corrupta “Gürtel”, que esperaba obtener sustanciosos contratos de su Gobierno.
El Honorable Camps asegura que pagó las prendas, pero hasta en su partido comienzan a decir que a todo el mundo le regalan cosas y que, por tanto, habría que saber cómo se pagan sus incontables trajes las dos vicepresidentas y por qué Rodríguez Z. acepta anchoas de Santoña del presidente cántabro.
El PP teme que Camps no pueda demostrar sus pagos y se siente obligado a defender ingenuamente a uno de sus presidentes más valorados.
Quien ataca más a Camps es el PSOE y su aliado, el periódico El País, pero de momento no han aportado pruebas de que haya favorecido a las empresas “cohechadoras”.
Es posible que no haya tales favores, pero, ay, si Camps no pagó los trajes y mintió, en lugar de aceptar que todo el mundo envía anchoas a Z. y trajes a las vicepresidentas, y que no siempre lo hacen para “cohechar”, entonces, está casi perdido.
Se habrá envuelto en una torpe mentira por miedo a que se le tomara por cohechable sin serlo.
Aprovechando la caza, también deberíamos conocer qué corruptelas aceptan tantos políticos y periodistas que no dicen hola sin recibir regalos y que en navidades esperan los Vega Sicilia de las empresas con las que se relacionan.
Porque los más cohechados suelen ser los primeros tirando piedras.