Los jueces estrella de la Audiencia Nacional que se empeñan ahora en juzgar a políticos de todo el mundo están consiguiendo enemistar a España con sus socios comerciales, lo que puede devolverla a la decadencia histórica que generaron los Austrias con sus guerras contra la media Europa luterana para imponerle el catolicismo.
Aunque se cuidan de no molestar a los tiranos afines, como los Castro, parece loable este empeño de los jueces de perseguir con leyes españolas a quienes ellos creen los malvados de cualquier lugar del planeta.
Pero es una temeridad suicida que se quiera juzgar, por ejemplo, a ocho de los principales dirigentes chinos por la muerte de 203 separatistas tibetanos que se levantaron contra Pekin en 2008 y que nada tienen que ver con España.
La irritación china ya ha hecho fracasar a varias empresas españolas que trataban de exportar productos a ese país. Ventas que son miles de puestos de trabajo o de paro; y más, bajo esta crisis.
Como no hay un tribunal internacional para situaciones así, estos misioneros-justicieros se creen depositarios de un poder universal y la emprenden contra todo hereje que aparezca en lontananza, como Felipe IV en la Guerra de los Treinta Años.
Paralelamente, y a iniciativa de un abogado, expreso etarra, otro juez persigue a dirigentes israelíes por haber atacado a un jefe terrorista de Hamás que usaba niños como escudos humanos, y que murieron con él.
Y también el inevitable Garzón, sintiéndose como el papa Urbano VIII, olvida que EE.UU. es una democracia y estudia cómo capturar a Bush para convertirse nuevamente en la noticia del siglo; y otro juez ordena liberar a los piratas del Índico...
Claro que quien hace las leyes es el Parlamento, y los jueces de "Jueces para la Democarcia" las interpretan casi siempre en favor de los débiles, aunque sean criminales. Eso es justicia pogresista, según ellos.
En consecuencia, España se pelea con sus socios y protege a los bandoleros: país y justicia ruinosos.