Residencial PSOE
Sólo quien desconfía de las grandes utopías, del idealismo y de su entrega incondicional a los demás es capaz de acusar a los actuales dirigentes zapateristas de cometer ilegalidades por poseer chalés al borde del mar que podrían vulnerar la Ley de Costas.
El vicesecretario general del PSOE, José Blanco, sufre este verano una terrible campaña de desprestigio por tener uno de esos chalés en la Illa de Arousa, islote de siete kilómetros cuadrados y 5.000 habitantes en la Ría de Arousa, Pontevedra.
Al lado de ese chalé hay otros propiedad de dirigentes socialistas: la gente le llama a esa urbanización sobre la playa “Residencial PSOE”.
La derecha ve con alegría las manifestaciones que hacen estos días frente a las casas un grupo de estafados por empresas de refinanciación de deudas.
La guardia civil les impide encadenarse a las verjas de los chalés, como pretenden en un acto de propaganda para erosionar al Gobierno y a sus partidarios.
Pero estos manifestantes no saben o no quieren saber que ocultas dentro de esas casas, quizás ilegales, hay también profundas razones solidarias.
Si fueran de gente de la derecha estaría claro que servirían sólo para que las clases poderosas gocen, como siempre, de un lugar privilegiado, y para la especulación, por lo que el escándalo estaría justificado.
Pero siendo de la rama zapaterista del socialismo deben verse de otra manera, porque estos políticos tienen como objetivo la solidaridad estatal y mundial.
Si tienen chalés sobre la playa, cuando deberían estar tierra adentro, es porque así podrán auxiliar rápidamente a quien los necesite: por ejemplo a náufragos, bañistas que se ahogan o marineros que salen a limpiar el chapapote de cualquier Prestige que se hunda cerca de allí por culpa de Aznar, Blair y Bush.