Consummatum est. Ya sabemos si Z es un gafe irrecuperable porque la Selección española perdió la Eurocopa, o si no transmitió su habitual mal fario deportivo y ha conseguido molestar a los dirigentes del PNV y de ERC, que habían proclamado su simpatía por Alemania.
Nacionalistas que siempre fueron germanófilos sin importarles quien gobernaba Berlín: prometieron apoyar a Hitler en sus respectivas regiones a cambio de que no apuntalaran a Franco.
Pero, aparte de esta historia y del resultado del fútbol, lo interesante de este campeonato fue observar el encendido patriotismo español que generó La Cuatro, cadena que transmitía los partidos de España.
Su principal conductora, Àngels Barceló, transmutó su nacionalismo catalán en un españolismo como no se recuerda desde Matías Prats, padre, y los goles de Zarra y Marcelino a Inglaterra y la Unión Soviética en pleno franquismo.
Quizás podríamos evocar también el La, La, La, en 1968, sobre el que debería hablarnos Manuel Fraga Iribarne, ministro de Información y Turismo encargado de comprar los votos para Massiel según la prensa británica, irritada aún por la derrota de Cliff Richard, hoy Sir, y su Congratulations.
La Cuatro es hermana de El País, periódico que lanzó en 2001 una durísima campaña contra el gobierno de Aznar por emplazar en la Plaza de Colón madrileña, base para sus televisivas alocuciones europatrióticas y neoespañolistas, una bandera nacional de 294 metros cuadrados de superficie.
Bandera con la que La Cuatro identificó a la Selección, aunque bautizándola ideológicamente, igual que a la Plaza, como La Roja. Y que antes era una provocación, muestra intolerable del rancio nacionalismo español.
Ahora Cuatro es europatriota. Pero no por patriotismo europeo, sino por los euros que genera, en tiempos de crisis de publicidad, despertar el patriotismo español, con o sin los hados de Z.
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