Las conmemoraciones del bicentenario del 2 de mayo y de la Guerra de la Independencia han olvidado adrede a quien derrotó verdaderamente a Napoleón en España, dañándolo más, incluso, que las guerrillas: el Duque de Wellington, el mismo que abatió en Waterloo al Emperador en 1815.
Porque Napoleón perdió un duelo que duró una década iniciada con la derrota franco-española de Trafalgar, en 1805, seguida de la muerte del general inglés John Moore en una batalla contra los franceses en Elviña, La Coruña.
Es entonces, en 1809, cuando Wellington toma el mando inglés en España, apoyado por la resistencia popular, y lucha hasta vencer y expulsar a los franceses en Vitoria, en 1813.
Debe recordarse que los ejércitos napoleónicos habían entrado como amigos de Carlos IV para conquistar Portugal, aliado de Inglaterra. Y que a su paso cometieron numerosos crímenes que encresparon al pueblo.
En el motín de Aranjuez que inició las revueltas de Madrid de 1808, apareció la siniestra figura del heredero, que llegaría a ser Fernando VII, traicionando a su padre, Carlos IV, traicionado a su vez por sus aliados franceses: aquello fue una guerra civil en un imperio decadente, pobre e ignorante, dentro de otra guerra entre imperios emergentes, Francia e Inglaterra.
Wellington perdió batallas, pero ganó la guerra, y en toda España y Portugal le entregaron numerosos presentes representando escenas de sus combates, especialmente porcelanas, que se conservan en el Palacio Wellington de Londres.
José Luís Aulet, un destacado jurista especializado en derecho comparado hispano-británico, escritor y especialista en artes decorativas, finaliza estos días un libro que reseña esos obsequios elaborados para quien fue nombrado Capitán General de los Ejércitos Españoles.
Dos siglos después al menos hay quien recuerda al principal vencedor de Napoleón en España.