Oyendo a los dirigentes del PNV repetir incansables que en Euskadi es donde mejor se vive del mundo, o al menos del Estado, es inevitable evocar a Antonio Molina cantando “Como en España ni hablar”, que en los años más duros del franquismo convencía a los simplones de lo bien que se estaba bajo la dictadura.
El PNV celebrará el próximo domingo el Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca) con la idea de que “nunca se ha vivido tan bien como ahora” en el País Vasco, según Andoni Ortuzar, presidente de ese partido en Vizcaya.
Pues quien se atreva a definirse españolista vive horriblemente mal, tanto, que a veces lo matan. El cineasta Iñaki Arteta acaba de hacer una nueva película: “El infierno vasco”. Lógicamente, el diez por ciento de la población se ha exiliado en otras regiones españolas.
Ese mantra de cómo en Euskadi ni hablar es tan machacón que muchos españoles se lo creen, igual que en tiempos negros aceptaban la copla de Antonio Molina.
Sin embargo, quien conozca el País Vasco sabe que esa confortabilidad, incluso para los nacionalistas que viven sin amenazas, es como la de los demás españoles.
Mileuristas, obreros, empleados, pescadores, todos, menos los superbien pagados funcionarios, viven igual que sus colegas andaluces, gallegos o castellanos. Ya se redujeron sustancialmente las enormes diferencias de renta, favorables a Euskadi y Cataluña, impuestas artificialmente por el franquismo.
“¡Que bien viven!” exclama la gente afectada por la propaganda imaginando a 2,13 millones de vascos acudiendo diariamente a comer en Arzak, cocinero que se sostiene gracias los comensales de toda España.
Todo esto de vivir tan bien es una fanfarronada. Típica de peneuvistas como Ortuzar o como Clemente, exseleccionador de fútbol, que canta a Molina cambiando España por Euskadi.