En 1901 había 14.000 coches de gasolina en todo el mundo, al acabar el siglo XX eran ya 700 millones, ahora quizás haya mil millones, y con la aparición del cochecito indio Tata se romperá toda previsión: antes de veinte años circularán, quizás, cuatro mil millones.
Un informe del Global Warming, Focus on the Future de hace sólo diez años creía que en 2030 circularían por el mundo 1.200 millones de coches, pero esa cifra se alcanzará enseguida, seguramente veinte años antes.
Con la aparición del Tata a menos de 2.000 dólares y en medio de las enormes transformaciones que experimenta la India, cambiará la vida de sus 1.130 millones de ciudadanos, que son unos 25 por cada español.
Ahora ninguna previsión es ya válida: cuando empezó la modernización española en los años 1950 y apareció el Seat 600 casi nadie tenía coche. Hoy, los 45 millones de habitantes poseen unos 25 millones cada día más potentes y bebedores, especialmente los 4x4.
Podemos imaginar en un no lejano futuro 600 millones de coches en la India, pero como China no se quedará atrás y sacará su propio vehículo barato, podemos pensar en como mínimo en otros 600 millones: en sólo dos países habrá muy pronto lo que se calculaba para todo el mundo en 2030.
Y si ahora tenemos el petróleo a 100 dólares, puede imaginarse su precio dentro de cinco años, pensando solamente en la demanda de esos dos países, no del mundo entero.
Se diría que todas las actuales campañas antipetróleo no tratan del cambio climático o de ecología sino de economía: hay que conseguir energías baratas y lo menos contaminantes que se pueda para que muevan los coches y las máquinas que desean los casi 7.000 millones de habitantes que ya tiene el planeta.