Ilegalicen o no a Acción Nacionalista Vasca (ANV), este partido es el primero que, como ETA, exige para el territorio de su Euskal Herría la absorción de parte de Cantabria, Aragón, La Rioja y Castilla-León, además de Navarra y el País Vasco francés.
El expansionismo es connatural con el nacionalismo: los otros nacionalistas vascos tienen similares demandas, aunque presentadas más discretamente.
También los catalanes ERC y CiU integran la Comunidad valenciana y Baleares en sus inventados Paisös Catalans, y el BNG reclama como gallegos el Bierzo y parte de Zamora y Asturias.
Todos los nacionalistas necesitan expandirse hacia territorios irredentos. Las actuales lindes administrativas les son inaceptables.
Cuando se sienten poderosos inician la que llaman reconquista, que casi nunca se produce por las buenas. Las recientes guerras yugoslavas fueron carnicerías iniciadas para ampliar lindes territoriales e identidades nacionales. Como las dos guerras mundiales. En realidad, casi todas las guerras de la historia se iniciaron por la absorción de pequeños territorios fronterizos.
Aunque ese expansionismo patriótico no siempre precisa la invasión territorial. A veces va creando condiciones favorables con la lenta penetración étnica y cultural apoyada por una guerra de baja intensidad: el terrorismo.
Los invadidos van perdiendo su pundonor y la capacidad de resistencia o de reacción ante esos avances que pueden requerir décadas.
El legendario carácter de los afables, nobles y cumplidores de su palabra habitantes del País Vasco, los vascos, está cada día más oculto, menos perceptible. Ha sido sustituido por el de la nueva tribu de patriotas al servicio de la inventada Euskal Herría: violentos, traicioneros y expansionistas.
Una metatamorfosis forjada por el terrorismo, aunque también en las escuelas, que crean fanáticos de una identidad formada para ejercer la violencia redentora de su lebensraum: el nuevo espíritu patriótico.