Juan José Ibarretxe equipara los sentimientos que le producen los asesinatos terroristas con los que sufre cuando algunos familiares de presos etarras mueren en accidentes de carretera tras visitarlos en las cárceles.
También iguala los asesinatos de ETA con las sentencias de la Audiencia Nacional contra las organizaciones que apoyan a la banda.
Aunque escandalicen estos paralelismos, es cierto que se matan innecesariamente en carretera algunas personas relacionadas con los presos etarras.
Pero es que van a toda prisa. Además, no todas aceptan las campañas de Tráfico aconsejando prudencia, puesto que concluyen proclamando la autoría: “¡Gobierno de España!”.
Hay quien dice que “si no quieren matarse, que conduzcan prudentemente”, acusando a además a numerosos familiares de etarras de no ser inocentes y de educar asesinos en una sangrienta tradición aldeana.
Se basan en que frecuentemente los familiares se manifiestan ante las prisiones y los juzgados gritando “¡Gora ETA!”, lo que señala su vinculación con la banda.
Pero las familias no han matado, aunque aclamen a los asesinos y no visiten los cementerios donde están enterradas sus casi mil víctimas.
Puede comprenderse incluso que algunas familias se exciten tanto con sus patrióticos cantos y gritos abertzales que después tiendan a desfilar en carretera más rápido de lo que debieran. Como el ¡De frente, ar!
Luego está, seguramente, lo peor para las familias más proetarras: sufrir el acoso de esa coda que proclama con cada anuncio de Tráfico “¡Gobierno de España!”.
Fue impuesta hace unos meses por Rodríguez Z para aparentar españolismo tras tantas cesiones irreversibles a los independentistas. Pero es un apéndice que suena tan falso como el ¡Viva Franco, Arriba España!
Muchas familias de etarras se enfurecen oyendo esas proclamas, y para transgredirlas pisan el acelerador hasta matarse. Eso es lo que pasa. Y, que conste: también le ocurre a bastantes antietarras hartos de las nuevas zepatrioterías.