Esclavismo ecologista
La Conferencia de la ONU sobre el cambio climático que reune entre los días 3 y 14 de este mes a millares de funcionarios internacionales en Bali, paraíso para estos privilegiados, tiene ya preparada su gran conclusión: pagarle a los africanos para que reforesten sus territorios a cambio de que no emitan CO2.
Puro racismo que se resume en una frase: “Defendiendo la ecología, explotemos a los negros”. Con ayuda de otros negros. Ya cobrarán comisión sus corruptos políticos, explotadores iguales a los que vendían a sus hermanos a los esclavistas árabes y europeos.
La ONU entregará una limosna para que planten árboles que absorban el CO2 producido por los países industrializados, pero sólo si mantienen su estilo de vida tradicional.
Nada de explotar directamente su petróleo, carbón, sus fuentes de energía fósil, no vaya a ser que se industrialicen y contaminen también.
Uno de los ponentes es Eliakimu Zahabu, profesor de agricultura de la universidad de Sokoine, en Tanzania. Dice que la desaparición de bosques tropicales genera alrededor del 23 por ciento de CO2 mundial.
Si los ricos pagan los derechos de emisión del gas establecidos por Kioto, Tanzania, por ejemplo, cobrará 630 millones de dólares anuales, que suponen 119 dólares por familia y año para que reforestar el país.
Zahabu tiene el apoyo de muchos científicos, como la famosa profesora Margaret Skutsch, de la universidad de Twente en Holanda, otra estrella de la lucha contra el CO2, que justifica esta fórmula porque “da riqueza a las poblaciones más pobres”.
Aquí está la maldad oculta en la política del cambio climático: que cientos de millones de seres reciban limosnas para que no se industrialicen ni prosperen produciendo CO2, sino que absorban el que producen los ricos. Es el nuevo esclavismo ecologista.