Parecía que la Audiencia Nacional tenía en Javier Gómez Bermúdez un magistrado que huía del estrellato, pero nada más firmar la sentencia del 11M su mujer periodista lo ha hecho más refulgente que un Baltasar Garzón que deberá reaccionar rápidamente para recuperar su bien labrado protagonismo.
Como no procese a José María Aznar, como sugirió, difícil va a tener Garzón volver como luminaria tras la aparición del libro “La soledad del juzgador” de Elisa Beni, jefa de Prensa de la Audiencia Nacional (AN) y esposa de Gómez Bermúdez.
Hagiografía en la que revela los desvelos de este nuevo superjuez de cabeza afeitada de actor de Hollywood algo estirado, pero de severidad procedimental.
Sus compañeros de Tribunal y de la AN han expresado su disgusto. También Pilar Manjón, que además de aparecer en el libro quedó insatisfecha con la sentencia: como Garzón, sigue mirando hacia Aznar.
Loas jueces también son humanos: el amor parece haber cegado a Gómez Bermúdez, quie no le pidió prudencia a esa esposa que lo presenta como Dios en el Juicio Final.
Pero no sólo Gómez Bermúdez o Garzón parecen caer ante la vanidad o a la fama: hay otros magistrados cuya historia personal podría orientar sus decisiones más pasmosas.
El juez Santiago Pedraz, también de la AN, pocas veces ve en los radicales vascos a terroristas, incluso cuando están detenidos con notables pruebas en su contra. Otros jueces las considerarían suficientes, pero él no, para frustración de las distintas policías.
Curiosidades sicológicas: un caso así parecería ser consecuencia de una infancia y juventud traumáticas, marcadas por una rigidez extrema contra la que la víctima se revelaría ahora. Porque, está claro, si se hubiera tenido un padre exageradamente recto y severo cualquiera desearía ser lo contrario que él.