Silencio sobre Irak
De golpe ha desaparecido Irak de los noticiarios televisivos. Ya no abren con decenas de niños o de mujeres con sus cuerpos mutilados y troceados por los ataques suicidas.
“La sangre, a primera” dicta una ley periodística, pero cada día tenemos menos despachurrados para enseñar en pantalla: en Irak está reduciéndose la violencia, aunque haya aún estallidos.
Casi no se dan noticias de Irak porque ha bajado la producción de sangre, pero sobre todo porque es políticamente incorrecto informar de la pacificación del país dando la impresión de que, con retraso, Bush podría salirse con la suya.
Y porque la intervención estadounidense debería haber ido a peor, no a mejor. Aquello tenía haber sido un nuevo Vietnam.
Se esperaba que los extremistas sunnitas siguieran acribillando a chiítas, americanos, británicos, y a los 15.000 soldados de un treinta de países aliados que permanecen allí ayudando a la reconstrucción del país, y que no huyeron, como les pidió Zapatero, tras evacuar urgentemente a los españoles.
Y los Chiítas mayoritarios debían exterminar a los sunnitas que se aliaron con Al Qaida irritados tras perder el poder que poseían con Sadam Hussein.
En ese ambiente era inevitable el colapso de George W. Bush y el de esa treintena de sus aliados que enviaron soldados, como Aznar.
Pero poco a poco va recuperándose cierta tranquilidad en zonas como Bagdad, castigada por la llamada “insurgencia”, que eran terroristas reclutados por Al Qaida por todo el mundo.
Van retirándose lentamente tropas de los aliados democráticos: Italia, Holanda, pronto Polonia y Australia, más adelante Corea del Sur y Reino Unido, mientras el ejérciyo iraquí va tomando el control de su nación.
Vuelve a ocurrir que noticias así no son noticia, sobre todo porque son políticamente incorrectas, desconcertantes y embarazosas.

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