Quien recuerde la vida española de los tres últimos lustros del franquismo no negará lo que leerá aquí, aunque si es joven creerá que se le miente porque le enseñaron que los súbditos de aquel régimen se oponían heroicamente al dictador.
Digamos la verdad políticamente incorrecta: bajo el franquismo casi nadie se enfrentaba a un Generalísimo que habia impuesto la paz, aunque ahogaba la libertad.
Desde 1959 los tecnócratas sustituyeron a los viejos falangistas autocráticos e introdujeron en España cierto liberalismo capitalista que conduciría hacia la democracia. La tardía muerte de Franco sólo retrasó su llegada.
Tras la sangrienta represión de la guerra y la postguerra el franquismo hizo inofensivos a los españoles, por las malas y por las buenas. Los acobardó. Ellos sólo querían sobervivir, porque quien se salía de la senda acababa en prisión. Y como la vida era apacible para quien callaba, todos pacifistas.
Durante 1964 el régimen conmemoró sus “25 años de Paz”. Con cierta prosperidad y comprando Seat-600 y pisos, los españoles aclamaron a Franco en referéndum. Por falsa que hubiera sido la consulta aquella paz había hecho franquistas y más cobardes aún a la mayoría de los españoles.
Paz, paz, paz. Un pueblo amedrentado y pacificado dentro del territorio o emigrando a Centroeuropa, donde ahorraba para volver a la paz franquista.
Paz, paz, paz. Ahora repetimos la retahila bovina, pasiva y mansa. Cambiamos el miedo a Franco por la cesión a los terroristas. En Euskadi hay una dictadura. Pronto será igual en Navarra. Pueblos enteros como Ondárroa o Lizarza colaboracionistas del nazismo. Y nos invade el nuevo terrorismo islamista.
No hay libertad, pero los españoles aplauden a quien grita paz, paz, con la sonrisa del régimen José Solís Ruíz resucitada en hombre del talante.