Quien pugna por ser heredero al trono de la derecha española, Alberto Ruiz Gallardón, afirma que Rodríguez Zapatero es un paréntesis en la historia de España y del socialismo, y lo cierto es que el presidente del Gobierno comienza a cosechar tales frutos de sus ocurrencias que podría volver muy pronto a la oposición.
El enorme triunfo de Gallardón, y el de su rival por el trono, Esperanza Aguirre, comenzó precisamente gracias a Zapatero cinco meses antes de su llegada a la presidencia del Gobierno.
Fue con el Tamayazo, cuando los diputados del PSOE madrileño Tamayo y Sáenz le lanzaron una advertencia a su líder regional, Rafael Simancas, que iba a tomar posesión como presidente de Madrid: el poderoso clan socialista de Renovadores por la Base (RB) rechazaba sus acuerdos para gobernar con Izquierda Unida.
Simancas le había cedido a IU multimillonarios proyectos de construcción que estaban comprometidos con los contratistas de RB, dirigidos por José Luís Balbás, uno de los principales apoyos de Zapatero para su elección como secretario general socialista.
Si turbia empezó esta historia –Aguirre convocó nuevas elecciones, que ganó--, oscura siguió cuando ZP designó personalmente como candidato a la alcandía de Madrid a Miguel Sebastián, consejero suyo no militante, implicado en escándalos profesionales y personales.
En medio, y a pesar de la salida de Irak, que resultó una huida, la frialdad de los aliados europeos ante su trivialidad política e intelectual; cesiones a ETA hasta reintroducirla en las instituciones, mintiéndole al electorado; humillantes transferencias a ERC; amistad con numerosas dictaduras.
A ZP lo apoyan en su partido quienes, como se dice ahora, “cogen cacho”. Pero cada vez recibe más rechazo de quienes no dependen de los dineros públicos, y para los que Gallardón acierta plenamente: un paréntesis.