Juan José Ibarretxe quizás delinquió reuniéndose no como ciudadano, sino como presidente vasco, con el dirigente de la ilegal ala política de ETA, Arnaldo Otegui: lo determinarán los jueces.
Pero él ha apelado a que es un cargo electo para organizar una manifestación en contra de la ley que podría acusarlo.
He aquí un caso de los innumerables que se dan cada día en los que los políticos exigen estar por encima de lo legal e ilegal, honesto o indecoroso.
Esta actitud de los políticos la denuncia Francisco Rubiales en un libro apasionante, “Políticos, los nuevos amos” (Almuzara, 2007).
El autor, comunicólogo, doctor y profesor de postgrado de Periodismo, excorresponsal de EFE en distintos países, profundiza su ensayo anterior, “Democracia secuestrada”, y demuestra con rigor y amena agilidad que los partidos políticos se han convertido en un obstáculo para la democracia.
En lugar de servir a la sociedad la utilizan para crear sistemas de vasallaje, estructuras que dominan a sus miembros porque ellos esperan encaramarse algún día al poder para avasallar también.
Saben cómo atraer a los electores y convertirlos en seguidores que los apoyarán como si fueran dioses, incapaces de descubrir el engaño.
Rubiales va desmenuzando las estructuras que han ido creando los partidos para situarse en esa posición de dominio en la que se atreven a enfrentarse a las leyes.
Máquinas de poder por el poder. Mucho más corruptor que la economía, porque la política es el vehículo que facilita beneficios económicos, que le son añadidos. ¿Democracia?: mentira, con listas cerradas, élites de partido, consignas y obediencia ciega de militantes.
Este libro tendrían que leerlo todos los ciudadanos para saber cómo son utilizados y subyugados, y los políticos, para reconocer que hay analistas clarividentes, como Rubiales, que los desnudan.