Quien analiza a ETA-Batasuna y a los nacionalismos, especialmente a los autodefinidos como socialistas, deduce que su doctrina y conducta son similares a las de los nazis alemanes antes de conquistar el poder democráticamente en 1933.
Se igualan en que son supremacistas y violentos, defensores de un pueblo elegido y superior. Conquistan el gobierno provocando dos clases de terror: primario y extremo. Como hacen Batasuna y ETA.
El primario es la intimidación ciudadana: violencia de persecución y destrucción de los bienes de los disidentes y parias --en Alemania eran los judíos--.
La raza degenerada aquí es la de los que se sienten españoles. También son violencia primaria la intimidación de personas, el chantaje económico --impuesto revolucionario--, y los ataques a los bienes privados y públicos, como la quema de cajeros de bancos o de autobuses. Batasuna.
La violencia extrema se usa para aterrorizar y destruir física y moralmente a todo el país: secuestros, asesinatos, coches bomba y demás formas de intimidación sangrienta. ETA.
Antes de 1933 los nazis mantenían exactamente esta conducta que facilitó el acceso al poder de su supremacismo: como todos los nacionalismos que desangran las libertades ciudadanas.
Conseguido ese poder, la violencia nazi se multiplicó e impuso un régimen genocida y totalitario, gemelo del estalinismo que inspira el marxismo-leninismo etarra.
El triunfo de las democracias y la destrucción del nazismo sólo se logró tras una guerra que sacrificó a decenas de millones de vidas de soldados y de civiles.
Estamos a tiempo de evitar aquí un final terriblemente sangriento tras el triunfo nazionalsocialista. A nuestros Hitler sólo hay que endurecerles la ley para erradicarlos.
Como en Alemania, prohibición y persecución de su ideario supremacista, aunque tenga 180.000 votantes. Que se reciclen. Los nazis supervivientes tras la II Guerra Mundial callaron humillados y avergonzados o votaron a partidos democráticos, aunque en el Este quedaron cautivos de su examigo Stalin, el de los acuerdos de 1938.
Lo importante es que no puede repetirse 1933, ni que el totalitarismo nazi vuelva al poder para imponer su régimen.