Muchos capitalistas estarían felices si alguien les dijera que son tan habilidosos que podrían lanzar una “OPA a la catalana”, como definió el presidente de los empresarios españoles, José María Cuevas, a la escuálida oferta de Gas Natural por Endesa.
Cualquiera debería tomar la frase como una muestra de admiración, porque reconoce lo bien que compran a bajo precio los capitalistas catalanes, aunque sea amparados por leyes elaboradas para favorecerlos.
Todavía hay quien recuerda a aquellos potentados barceloneses que durante el franquismo compraban y vendían medio país teniendo como intermediarios a gobernadores civiles y jerarcas del Movimiento: nadie sensato rechazaba los precios y condiciones que sugerían amablemente.
Tampoco debe de olvidarse el elevado arancel a las importaciones que consiguió imponer en toda España Francesc Cambó para proteger a las industrias catalana y vasca, aplicado desde 1922 y, a pesar de que él se se exilió, hasta 1960.
La proximidad con la rica Francia, su capacidad de trabajo, poder conseguir leyes a su favor y tener siempre disponible, incluso ahora, una red de comisionistas con cargos gubernamentales, hizo que la burguesía catalana fuera admirada y envidiada en toda España.
Y, paradójicamente, esos mismos burgueses y sus políticos aliados, regionales y nacionales, se sienten insultados hoy porque alguien habla de una “OPA a la catalana”.
Y tratan de convencer a los catalanes comunes, la inmensa mayoría que no es accionista de sus empresas, de que se les agrede con esa expresión. Cuando quien no es burgués, ni rico, catalán o no, poco tiene que ver con cualquier OPA.
Al final, el consumidor catalán, caiga o no en la patriotería de defender a sus amos nacionalistas, pagará de su bolsillo tarifas más altas por los servios que enriquecen más aún los capitalistas regionales.
Así que la burguesía catalana, aunque proteste formalmente, está más que orgullosa de sus éxitos al conseguir que se le venda lo que desea a precios bajos, aprovechando que el Gobierno necesita de sus políticos para seguir vivo: si hasta los socialistas y los comunistas están al servicio del capital, como si fueran derechistas, porque les da migajas y les condona deudas millonarias.
Además, quien dice que se irrita ante esa expresión de “OPA a la catalana” recuerda el gesto de asco que ponían los antiguos hidalgos cuando se negaban a tocar el dinero porque lo consideraban sucio y humillante.
A los burgueses catalanes debe recomendársele que no se vuelvan soberbios, porque renegando de sus admirables espíritu y oportunismo comerciales pueden arruinarse: como los antiguos hidalgos, que, para mayor escarnio, eran generalmente castellanos.
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