Si los rostros más conocidos del PP se miraran al espejo mágico para conocer su destino oirían una cavernosa voz que dictaminaría: “Estáis condenados al fracaso”.
Los líderes conservadores hicieron días atrás ejercicios político-espirituales en Toledo para pensar en el futuro y se preguntaron cómo es posible que ZP pierda aceleradamente sus expectativas de voto y que ellos no suban las suyas.
El PSOE se corroe porque sus líderes actuales han renegado del socialismo para casarse con los nacionalismos más fachas y reaccionarios, algo que sería inconcebible para el Abuelo Pablo Iglesias, y que lo es para Felipe González, Alfonso Guerra, Joaquín Leguina y muchos otros.
Y los populares no se aprovechan porque “estáis totalmente quemados” seguiría el espejo.
Actualmente, esta derecha, con excepción de los fuegos de artificio sin mayor incidencia social, como el matrimonio de homosexuales, no es más retrógrada que el PSOE en asuntos fundamentales.
Es que está ocurriendo algo sorprendente que destroza las más firmes certezas ideológicas: la política económica y social de Esperanza Aguirre, la presidenta de Madrid, es más progresista que la de cualquier presidente autonómico socialista porque crea más puestos de trabajo y, además, mejores prestaciones educativas, sanitarias, de transporte público y de vivienda.
Pero los señores del PP, en lugar de presentar rostros y mensajes frescos, como hizo el PSOE en 2004, continúan con los ajados modelos de Zaplana y Acebes, que son retratos del fracaso.
El único dirigente del PP que quizás sea salvable si se rodeara de savia nueva es Mariano Rajoy: solamente, porque sus discursos son más sólidos que los desaliñados y primitivos de su rival.
Y si el PP no cambia su imagen, Zapatero se eternizará. Lo que multiplicará los secesionismos hasta el infinito: llegará el día en el que cada uno de los 44 millones de ciudadanos del país exigirá negociar individualmente con la UE y con la ONU, alegando que es un Estado-Nación.
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