La policía está descubriendo que en decenas de nuevas mezquitas que se abren en España se predican la muerte y la destrucción de los infieles. Y, paradójicamente, hay quien sigue creyendo que el islam es una religión de paz, portadora de una cultura equiparable a la nuestra, cuyo origen es grecorromano, judeocristiano y racionalista.
Numerosos políticos e intelectuales predicadores del buenismo ciego y de un pacifismo suicida advierten que quien contradiga esa idea incita al odio.
O no saben, o no quieren saber que el mundo islámico está en guerra civil religiosa permanente iniciada por Mahoma el año 622, hace 1383 años, y en un intento inacabable de conquistar el resto del mundo para someterlo al islam, como ordena Alá.
Es una religión que aún no ha alcanzado el racionalismo y cuyos creyentes más ortodoxos, buscadores de los orígenes, los salafistas, crean sectas fanatizadas, violentas, dictatoriales, machistas y de estructura medieval que chocan entre sí por nimios motivos doctrinales. Y que cada vez con mayor asiduidad atacan en cuanto pueden a los herejes cristianos, a los que les llaman cruzados, como si estuviéramos en el siglo XII.
Estos jihadistas, seguidores de la guerra santa violenta, justifican sus acciones al creer que así persiguen la apostasía, lo que es un elemento esencial en la vida del islam, ante el que cualquier fanático se siente llamado por Alá para matar a quien crea que daña o traiciona las creencias.
Esta realidad se disimula en España con leyendas andróginas y románticas sobre un Al Andalus culto, tolerante y pacífico, frente a una sociedad cristiana ignorante y cruel.
Muchos de los que reniegan del cristianismo y de las creencias que han superado esa violencia misionera, sienten una extraña y suicida atracción por el Islam: son gentes que suelen estar en una izquierda que ha perdido sus referencias con la caída de la URSS.
Ellos, y algunos y algunas estetas amantes de los serrallos de efebos más que de los harenes, tapan así con vaporosos velos ocho siglos de guerras civiles dentro del islam andalusí, que fue terriblemente cruel y sanguinario.
La Reconquista se produjo porque los cristianos aprovecharon el fanatismo religioso de los musulmanes, que se mataban por imponer una mayor o menor ortodoxia islámica.
Situación que los multiculturalistas proislámicos tratan de equilibrar evocando antiguas guerras religiosas cristianas --menos crueles y constantes--, y desdeñando que el Renacimiento y, especialmente, la Ilustración, tornaron fanatismo por racionalismo.
La opinión pública debe de saber que una parte del islam iluminado, y no hace falta que sean muchos creyentes, predica la guerra y el terror, que no debe olvidarse el 11M, y que la intención de destruir nuestro mundo y su civilización se comprueba con la detención casi diaria de terroristas potenciales en España.
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