José Luís Rodríguez Zapatero ha denunciado muy irritado que usted, don Mariano Rajoy, lo ha insultado insistentemente durante las últimas semanas.
Y es cierto: analizando sus discursos se encuentran sus vilipendios. Está muy mal que una persona educada, como debería de ser usted, sea tan tosca.
Porque le llamó frívolo en veinte ocasiones. Lo que indica que ha incurrido usted en diecinueve redundancias cuando disponía de numerosos sinónimos a los que acudir. Ejemplos: superficial, baladí, pendejo, trivial, fútil, mamoncillo, vacío, huero o insustancial.
Usted infrautiliza la riqueza del idioma castellano. Sufre una deshonrosa carencia de vocabulario: otras veinte veces lo ha calificado de irresponsable. ¿Qué le costaba decir insensato, alocado, imprudente, atolondrado, inconsciente, necio o aturdido?.
En una docena de ocasiones le ha llamado usted incapaz, se queja don ZP. Patética pobreza verbal, señor Rajoy. Podía haber substituido la palabra por: inepto, débil, nulidad, incompetente, torpe, ignorante, inexperto, inútil, inhábil, ineficaz, negado, conacho o teterella.
Fíjese usted: trece formas de decir lo mismo, pero usted, incapaz de salir de su redundancia.
“Otra docena de veces me llamó acomplejado”, denuncia don ZP: con la de sinónimos que tiene ese calificativo. ¡Es que no puede ser; hasta el más mostrenco tiene que cansarse de que le llamen siempre lo mismo!
Aunque don ZP reconoce también que en diferentes momentos lo definió como grotesco, zafio, frívolo, sectario, taimado, lamentable, manipulador, irresponsable y maniobrero.
La variedad es el camino, don Mariano. Con nueve sinónimos por cada uno de estos adjetivos, ya tiene usted 72 palabras diferentes que puede sustantivar: serán más veraces y rotundas.
O, mejor aún: debería hacer como Alfonso Guerra, que con la edad dejó de insultar y que sibilinamente, con una finura florentina, desmantela la política de ZP provocando conclusiones similares a las suyas, don Mariano.
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