Digan lo que digan los nacionalistas periféricos España es posiblemente el país menos nacionalista de todos los occidentales y el único que se alía con quienes agreden a sus nacionales en el exterior: ocurrió con Franco y se repite ahora con ZP.
El nacionalismo de un país se muestra en su voluntad de amparar a sus ciudadanos violentados, esquilmados o explotados en otros estados. Buena parte de las conflagraciones de los siglos XIX y XX se iniciaron oficialmente para defender a los connaturales, víctimas de otras potencias.
Las dos guerras mundiales comenzaron por motivos así, pero España, tras el desastre del 98, se replegó y sus guerras exteriores, en Marruecos, se hicieron solamente para mantener una vieja idea de imperio.
Perdido el instinto de defensa de los compatriotas en el exterior, los españoles se mataron entre ellos en el interior, en la Guerra Civil.
Debió de ser ese espíritu cainita el que provocó que Francisco Franco abandonara a millares de españoles emigrantes en Cuba, la máquina y vanguardia de la riqueza de aquél país, que fueron desvalijados por Fidel Castro en los años 1960.
Mientras EE.UU. iniciaba un embargo para que Fidel indemnizara a los estadounidenses cuyas propiedades incautó, acción que aún continúa hoy, Franco protegió al dictador leninista y comerció con él cuando casi nadie del mundo anticomunista lo hacía.
Como hace ahora ZP abandonando a los españoles, víctimas de la locura incautadora del venezolano Hugo Chávez, el nuevo Fidel: ZP desatiende a sus conciudadanos de Venezuela y comercia y corteja como amigo al espadón. El Gobierno vuelve a ser antiespañolista al permitir que Chávez arruine a tantos españoles.
Y en territorio nacional se alía con quienes pretenden romper la cohesión social y económica que hacen posible la propia existencia del país. Y permite que muchos españoles sufran la incomodidad de que les insulten como tales en alguna comunidad autónoma, y el terror en otra: sin duda, el Gobierno actual de España, pero también muchos anteriores, no tiene espíritu españolista alguno, sino todo lo contrario.
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