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octubre 2005

31/10/05

Agitprop televisivo

El Gobierno ha decidido sacrificar parte de los ingresos por publicidad de Televisión Española para favorecer a las cadenas privadas, especialmente a la nueva Cuatro, de PRISA, el grupo prosocialista propietario de El País y de la SER.
Aprovechando la situación, podía cerrar de una vez TVE, y así mataría a varios portadores de gripe aviaria de un tiro: satisfaría a sus aliados nacionalistas exterminando algo español, libraría a los ciudadanos de sus programas tan zafios como los de cualquier privada, y dejaría de perder, solo en 2006, unos 800 millones de euros.
Aunque debe decirse en disculpa de TVE que el resto de las estaciones públicas no se quedan detrás en baja calidad, manipulación informativa y pérdidas económicas, proporcionales a su siempre creciente tamaño.
Y siendo esas televisiones una ruina, Aragón, Baleares, Extremadura, Asturias y Murcia se suman ahora a las autonomías que ya tenían ese pozo sin fondo en el que estaban Cataluña, Galicia, País Vasco, Andalucía, Comunidad Valenciana, Madrid, Canarias y Castilla-La Mancha.
Hasta las estaciones que tuvieron justificación porque protegían las lenguas regionales se convirtieron, con ese amparo, en dobles aparatos de agitación y propaganda, agitprop: política, al estar al servicio del poder del momento, y grupal o étnica, en algún caso racista.
Ahora, la presidenta de Madrid, Esperanza Aguirre, ha lanzado en emisión analógica su segunda cadena, “La Otra”, de carácter cultural, que emitía en digital: dice que para no sufrir un agravio comparativo ante regiones con tres cadenas.
Ella, que se define como liberal, enemiga de la intervención de lo público donde puede triunfar lo privado, redobla su agitprop traicionando las viejas promesas de privatizar Telemadrid, para “dar ejemplo de cómo es una comunidad tan segura de si misma que no necesita reafirmar su identidad”.

30/10/05

Islamonazismo

Tras la exigencia del presidente iraní, Mamud Ahmadineyad, de borrar de la faz de la tierra a Israel, nadie podrá acusar a ese país de belicista si destruye las instalaciones nucleares del régimen islamonazi de Teherán, que con ese loco en el poder se destinarán a concluir el Holocausto que inició Hitler.
Tampoco habría sido belicista, sino pacifista, quien hubiera arrasado los campos de concentración nazis de Dachau, Buchenwald, Treblinka, Auschwitz y tantos otros cuando se construían, y antes de que pudieran exterminar a seis millones de judíos: la misma población que la que tiene actualmente Israel.
El fanatismo religioso, la deshumanización, y la demencia genocida islamonazi es capaz de destruir a Israel, pero también nuestro mundo, nuestra herencia cultural, nuestra civilización racionalista.
En ello están empeñados no solo Ben Laden y sus terroristas suicidas, sino también los políticos islamistas que son mitad monjes y mitad soldados, un concepto similar al medieval que evocaban románticamente los fascistas.
Monjes soldados en la misión de islamizar el mundo, obsesionados con hacer desaparecer de la tierra a quienes no sean adoradores de Alá.
Que en primer lugar esperan concluir el trabajo de Hitler, la Shoa, el holocausto judío, nuestro pueblo primigenio desde el punto de vista de la cultura occidental.
Les guste o no a los antisemitas, pertenecemos al mundo greco-romano-judeocristiano que llevó al racionalismo. Permitir la extinción de Israel y de los judíos es nuestro propio suicidio.
Y aunque durante muchos siglos las fuerzas más oscuras del cristianismo los persiguieran, ellos siempre fueron, en el pensamiento, en las artes y las ciencias, la vanguardia de nuestro progreso.
Y no se olvide que Israel es la única democracia existente en el Oriente próximo, cuyas formas bruscas y ocasionalmente violentas son secuela de su necesidad de defenderse para sobrevivir.

29/10/05

Radiofonías

Iñaki Gabilondo, que durante décadas fue el sumo sacerdote radiofónico matutino de la España llamada progre, que es bastante simplona porque carece de formación ideológica, calló de repente para irse a la televisión y sus millones de fieles se quedaron sin la voz que creaba sus opiniones y regía sus ideas y razonamientos.
Dejó vacío y confusión: su sustituto, Carles Francino, no está acreditado aún como activista de las buenas causas. Parece incapaz de comunicar con talante amable las ideas contundentes, nunca grises, de Iñaki. Como, por ejemplo, mantener inexpugnable el axioma de que Bush, Blair, y el expresidente Aznar y sus simpatizantes son causantes del cambio climático, de las guerras y de la pobreza en el mundo.
Iñaki no decía exactamente eso, pero sin salirse de su tono paternal y bienpensante lograba que la audiencia razonara así. Algunos de sus seguidores más exaltados se calentaban, zaherían, y hasta en alguna ocasión agredían, a los políticos derechistas. Hechos que, como eran noticia, adquirían efecto multiplicador.
Así fue como Gabilondo hizo más para que ZP llegara a presidente del Gobierno que el propio ZP, que es el radioyente-tipo de Iñaki, esa media España que siempre obedeció lo que el comunicador sugería sin preguntarse por qué.
Ahora, sin Gabilondo, parece que parte de la audiencia está yéndose a otras antenas, como Onda CERO y a la horripilante COPE.
En la primera está Carlos Herrera, inteligente y divertido, un centroderechista que sabe hacer que muchos izquierdistas duden de sus ideas.
En la COPE, ay, habita el ogro: Federico Jiménez Losantos. Exrojo que fue cocinero chino de los platos maoístas antes que fraile, mordaz y cargado de mala intención, está aserrando el edificio del Gobierno. La dialéctica marxista-leninista-pensamiento Mao Zedong aplicada a la lucha contra el gochismo gubernamental es demoledora, y por eso está haciendo chop shuey con ZP, al que tiene desmoralizado.
Los jefes de Gabilondo y el Gobierno le exigen por amor de Dios a los curas, dueños de la COPE, la cabeza de Jiménez Losantos el Bautista.
Y o los curas le cortan la cabeza al apasionado informador, o el poder le corta la cabeza y las emisoras a los curas. Así que la onda --media y FM-- está poniéndose apasionante.

28/10/05

Pobres turistas

Están volviendo del Caribe, de los huracanes tropicales, y cuando llegan a Barajas, muchos turistas españoles besan el suelo como los soldados que sobrevivieron con Cortés la tremenda conquista de México.
Sus familias, qué gemidos de emoción. Qué dramas. Los recién resucitados y las almas en pena de quienes los esperan se funden agónicamente. Sienten la tentación de destrozar las oficinas de los operadores de viajes, de ser más implacables con ellas que Wilma, Stan, Katrina o cualquier otro ciclón que hubiera actuado sobre aquellos mundos cálidos.
Todos los turistas sobrevivieron, no pasaron graves peligros, pero nos estafaron, dicen muchos de los que habían pagado mil euros por billete de ida y vuelta y la estancia de una semana en el paraíso del Caribe.
¡Estuvimos, aislados, entre grandes ráfagas de viento y lluvia, pasándolo muy mal, qué desastre de vacaciones!. Más de un matrimonio en luna de miel se rompió porque ella o él comprobaron en los momentos difíciles la insolidaridad y el egoísmo de su pareja. Piensan que con tanto avance científico estas contingencias atmosféricas tenían que estar controladas, que estamos en el siglo XXI y que el Yucatán es una zona turística que tendría que ser apacible como Marbella.
Pobres turistas, cuánto sufrieron contagiándose la angustia y el enfado ante aquel espectacular fenómeno meteorológico que les estropeó las vacaciones
Pobres turistas, sí, porque vivieron los momentos más grandiosos con los que nos regala la naturaleza y no supieron estremecerse ante su inmensidad.
Asistieron al mayor choque de ejércitos terráqueos, a la escalofriante Gran Guerra de los elementos, y muy pocos supieron contemplarla.
¡Qué majestuosa, qué hermosa es la aventura en esos momentos, con hambre, con sed, con inseguridad, frente al cielo y la tierra, primitiva y salvaje!.
Pobres turistas, que no supieron que vivir aquello vale toda una vida. Fueron a una península que, a pocos metros de las zonas turísticas, está aún como antes de la Conquista, con pueblos adoradores del maíz y viejos ritos que pueden producir miedo, miedo a lo bárbaro y a lo sobrenatural. Mayor temor, pero también mayor asombro y admiración, que cualquier huracán o terremoto.
Se ve que esa mezcla de aventura inesperada, la grandiosidad de la naturaleza feroz, y el misterio que transmiten algunos humanos de viejas razas aún poco conocidas, no puede apreciarse cuando se va a tomar el sol por mil euros.

27/10/05

Multiculturalismo

Pocos aventurarían hace un par de años que los periódicos paradigma de los buenos sentimientos aparentemente progresistas iban a publicar artículos sobre el Raval, el barrio más pintoresco de Barcelona, afirmando que se ha roto allí la convivencia entre sus habitantes tradicionales y los nuevos inmigrantes.
Es que ya tienen que admitir la inocultable apropiación fanático-religiosa del barrio, en alguna de cuyas calles se arremete contra las mujeres que no van cubiertas con hábitos musulmanes.
Era suicida denunciar la situación: quien hacía públicos los efectos perversos del fanatismo infringía la corrección política dominante, y era definido como xenófobo y racista.
Aunque el inevitable conflicto ya había sido anunciado anteriormente, incluso antes del 11M, por el nuevo premio Príncipe de Asturias, Giovanni Sartori, y por el antropólogo Mikel Azurmendi, que advirtieron que el fanatismo islamista iba unido a la agresividad y la delincuencia.
La falsa progresía exigía silencio: la situación se manifestaba fuera de sus confortables y seguros barrios; así, cualquiera puede comprometerse con valores que no le exigen prueba real de coexistencia con los diferentes.
Comunicadores y políticos tachaban de racistas a los angustiados vecinos del Raval, pero protestan ahora, cuando el conflicto está acercándose a sus distritos.
Aunque todavía no quieren admitir que el multiculturalismo que tanto defendieron, y que propugna la no integración, sino la endogamia de cada grupo social, es reaccionario y conduce al nazismo.
El multiculturalismo es hostil al pluralismo verdaderamente progresista que, apreciando las idiosincrasias diferentes, aspira a crear una macrocultura común en la que todos respeten las libertades, los derechos humanos y el pluralismo.
El problema es que el multiculturalismo es un componente básico de los nacionalismos, obsesionados con formar tribus exclusivistas, separadas de los demás; pues, el Raval es una alegoría de la futura España.

26/10/05

Premios Planeta

Buena la han armado los novelistas Juan Marsé y Rosa Regás, jurados del premio Planeta, al decir que la novela ganadora en 2005 es una birria.
Lógicamente, muy poca gente querrá adquirir las “Pasiones romanas” de la guapísima María del Pau Janer, y mucho menos “Y de repente, un ángel”, del finalista, Jaime Bayly.
Aunque la venta de libros puerta a puerta que inventó en 1952 el editor andaluz afincado en Barcelona, José Manuel Lara, quizás recuperará los 600.000 euros que recibió Janer y los 150.000 de Bayly.
Lara, antiguo legionario y franquista, creó un ejército de vendedores a plazos que iban rellenando con sus enciclopedias y premios anuales las estanterías de los pisos que durante el desarrollismo se construían en España.
Así creó el imperio Planeta, que controla periódicos y televisiones. Pero a su muerte, la empresa se sometió a la hábil mutación que le permitió a la burguesía catalana pasar del franquismo al nacionalismo: la editorial añadió ya su firma al proyecto de estatuto secesionista que abanderan los independentistas.
Sic transit gloria mundi. Todo, transitorio: las ideologías, los premios Planeta. Se analiza la lista de sus 53 ganadores y otros tantos finalistas y se descubre que muy pocos pasarán a la historia de la Literatura.
La mayoría son nombres hoy olvidados, y los conocidos ya lo eran antes de obtener el galardón: Matute, Sénder, Semprún, Marsé, Vázquez Montalbán, Torrente Ballester, Cela, Vargas Llosa, Muñoz Molina y poco más.
La jurado Rosa Regás, directora de la Biblioteca Nacional, y tan crítica con los galardonados de este año, también había ganado el Planeta en 2001 con una novela abominable.
Octavio Paz la consideraba “la peor novelista del planeta”, pero repetía el grito de la gauche divine que la hizo famosa, y no por su literatura, en el divertido Bocaccio, Barcelona, años 1960: “¡Rosa Regás, Rosa Regás, qué buena estás!”.

25/10/05

Vuelven los boicots

Estos días circulan por teléfonos móviles y correos electrónicos llamadas a boicotear los productos catalanes, recordando una frase de Pasqual Maragall cuando proclamó, soberbio y retador, que Cataluña “había agotado su margen de generosidad” con España.
Maragall, de espesos vapores que le hacen perder el control de la lengua, ha dañado un poco más la decepcionante visión que se va teniendo del seny de los políticos catalanes, degradada previamente por su socio Pérez (Carod-Rovira) cuando llamó a boicotear el Madrid olímpico.
Propuesta que fue contestado por numerosos simpatizantes del proyecto madrileño con un boicot al cava catalán. Aunque, anteriormente, algunos boicots nacieron a demanda de políticos catalanes, como uno contra la empresa burgalesa Leche Pascual.
El trabajo de Jordi Pujol construyendo durante dos décadas una falsa imagen apacible y con sentido de Estado del catalanismo político ha quedado destruida en pocos meses. Gracias a las expresiones prepotentes de la actual generación de políticos chabacanos, petulantes y bravucones, como de los Don sicilianos.
Lo que ha creado en los españoles más susceptibles, y quizás más acomplejados, ese deseo de desquite que les lleva a boicotear productos catalanes: ejercicio que daña a todos los españoles, y no solo a los trabajadores y empresarios de Cataluña.
Acción, reacción, el huevo o la gallina. Aquí todos los implicados, boicoteadores y políticos provocadores, son culpables, y cuando la corriente se vuelve remolino, todo corre, incluyendo la economía, dando vertiginosas vueltas por el sumidero hacia la alcantarilla.
Dentro de unos meses los empresarios catalanes harán cuentas y quizás tendrán que exigirle moderación a sus políticos .
Y la situación podrá repetirse en cualquier momento con bienes o servicios gallegos si la nueva Xunta socialnacionalista no es sumamente prudente en sus expresiones, pero también con sus hechos.

24/10/05

Asesinos de Couso

Aparte de los tres tanquistas estadounidenses que el juez de la Audiencia Nacional Santiago Pedraz quiere detener porque mataron con un obús al cámara de Telecinco, José Couso, hay otras personas a las que debería inculpar y encarcelar.
Los responsables de una guerra son los políticos, no los soldados. Quienes combaten y exponen sus vidas disparan contra cualquiera que creen que los amenaza.
Los marines temían que los brillantes objetivos que manejaban Couso y otros cámaras en el Hotel Palestina, aquel 3 de abril de 2003, fueran iraquíes infiltrados marcando su posición.
Pedraz, el juez que exoneró el terrorismo callejero y las amenazas de muerte de etarras a funcionarios de prisiones, una nueva estrella mediática de las que fabrica tenazmente la Audiencia Nacional, debería apuntar más arriba y dar orden de caza y captura del comandante supremo de los soldados que mataron a Couso, George W. Bush. El notición le daría fama mundial.
Y podría detener a Aznar por complicidad con Bush, aunque las tropas españolas no fueron a combatir, sino como fuerza pacificadora tras la invasión.
Pedraz tiene también otros justiciables sumamente atractivos: los accionistas de Telecinco, entre ellos Berlusconi, y sus directivos.
Porque enviaron a un trabajador autónomo, con un “contrato por obra” y su propia cámara pagada a plazos, a hacer un trabajo peligrosísimo en una guerra.
Pero, seamos sensatos, porque en casos así deberían evitarse la demagogia y el corporativismo: el informador y los suyos tienen que saber que quien va a una guerra expone su vida.
Para acudir hay que estar magníficamente pagado, bien entrenado, tener un gran contrato, un sustancioso seguro de vida a favor de la familia y chaleco antibalas: como Julio Anguita Parrado, muerto por un misil disparado contra los norteamericanos por unos iraquíes a los que no busca Pedraz.

23/10/05

Reliquias de guerra

Agasajar o doctorar honoris causa a quienes tuvieron vidriosas responsabilidades que concluyeron en la guerra civil despierta innecesariamente la ira de los descendientes del bando contrario al del homenajeado, una de las dos Españas de Machado que parecían estar desapareciendo.
La evocación de las guerras civiles es traicionera e imprevisible, como los borrachos pendencieros. En EE.UU. hay sureños que matan cuando recuerdan la derrota que les infligieron los norteños a sus antepasados confederados hace siglo y medio. En España no han pasado ni siete décadas.
Santiago Carrillo ganó respetabilidad poco antes de la muerte de Franco. Lo saben bien quienes entonces eran jóvenes comunistas. Pero al final de la República, cuando traicionó al PSOE y se pasó al PCE, y después, en la guerra civil y durante su estancia en la órbita soviética, sus actividades fueron poco honorables. Ser demócrata exige mucho más que ser militante antifascista y antifranquista.
Carrillo, Lister, Campesino, Pasionaria y tantos otros comunistas no fueron más recomendables que otros muchos franquistas. La diferencia entre ellos fue que el fascismo asesinaba en España, y estos comunistas, además de matar a derechistas y a otros rojos, cooperaron con la represión soviética, peor que la franquista.
El genocida Stalin era amigo y consejero de Pasionaria, por ejemplo. El loco y asesino Nicolae Ceaucescu, de Carrillo.
Luego, cumplieron un papel honorable en la transición. Pero reinventar a Carrillo ahora y levantar simultáneamente los muertos perdedores de la guerra es muy peligroso.
Hacerlo héroe porque es un anciano apacible y llamarle “bueno” porque era rojo es como si rusos, húngaros o rumanos, víctimas del comunismo, festejaran a líderes fascistas porque fueron anticomunistas.
Como a las lápidas de los cementerios, a estas reliquias de la guerra se les debe respeto: pero nada más.

22/10/05

Dany el Rojo

Cuando las ministras posan como modelos lo hacen en Vogue, y para aparecer como intelectual José Luís Rodríguez Zapatero elige Marie Claire: revistas francesas, París, el coquetamente revolucionario espíritu de 1968 que renace en el Palacio de la Moncloa.
Se leen las declaraciones a Marie Claire de ZP y dan ganas de levantar los adoquines hasta “encontrar la playa”, como en París, y después tirárselos a la policía.
Se siente la incontenible necesidad de gritarle al mundo el lema del 68, “Sé realista, pide lo imposible”. Zapatero es más sabio, más académico. Dice: “La utopía forma parte de mi vocabulario esencial: lograr las conquistas imposibles”.
Realmente, ZP es mejor que Daniel Cohn-Bendit, el líder de aquél París, y conocido como Dany el Rojo. ZP también se ha autodefinido en Marie Claire como Zapatero el Rojo. Es un líder revolucionario al que no le valen actitudes poco radicales.
Dany, que era apátrida, proclamó que su única patria era la libertad. Lo mismo que el presidente español, para quien, además, el término Nación tiene un valor muy relativo, casi desdeñable.
Hay quien califica de inconsciente y temerario a ZP. Una equivocación: debemos verlo como alguien romántico, entrañable, como un rojo utópico, radical feminista de ambición igualitaria, que en la ONU tuvo la iluminación de que el pequeñísimo Djibouti era tan importante como EE.UU. Este relativismo explica la homogeneizadora Alianza de las Civilizaciones, que hereda otro eslogan del 68: “Haz el amor, no la guerra”.
Es apasionante revivir Paris, despreciar la prudencia, la solemnidad del Estado, y hacer la revolución, aunque resulte suicida. Es fastuoso gritar, como Dany, que “No hay que dar soluciones, sino crear problemas, porque las soluciones siempre son conservadoras”.
Pues, a ser realistas pidiendo lo imposible y a crear problemas, como Dany y ZP.

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