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julio 2005

31/07/05

Madrileñitis

No hay que disgustarse demasiado porque Madrid haya sido derrotada por Londres para ser sede de los JJ.OO. de 2012. Queda cierta decepción, es cierto, pero que ofrece simultáneamente su alivio: todos los españoles se librarán no de atentados, porque cualquiera pueden padecerlos, sino de que se les contagie en los próximos años un agobiante desequilibrio psíquico llamado madrileñitis.
Una enfermedad centralista, ombligatoria, transmitida por periodistas no madrileños que han convertido a Madrid en el centro del cosmos. Prensa, radio y televisión con base en la capital que están regidos por no madrileños: eso es lo llamativo.
Recordemos la información desde Singapur antes de la selección de Londres para los JJ.OO.: en aquellos días no existía nada más que Madrid.
Esquerra Republicana de Catalunya bramaba de celos porque nadie la escuchaba, mientras sonaba por toda España el Madrid, Madrid, Madrid, en el mundo se piensa solo en ti, canción compuesta por Agustín Lara, un mexicano.
Y es que directores de medios, redactores jefe y hasta becarios imponían Madrid como única noticia planetaria. Obligaban, ombligaban, a todo ciudadano a sentirse madrileño: no había Irak, ni aventura planetaria, ni la UE, ni cultura o sucesos. Solo el Madrid olímpico. Era abrumador.
Y mayoritariamente los periodistas creadores de esta tendencia no eran ni son madrileños. Son gente de aldeas, pueblos y ciudades de toda España que han emigrado a la capital, donde su libertad les ha infectado esta madrileñitis galopante y contagiosa, el amor loco por la Castellana, la Puerta de Alcalá y Cibeles.
Esa ciudad es el centro de su emancipación, e increpan a los pocos madrileños verdaderos que existen porque no entienden su entrega sin pudor a la ciudad.
Para esta gente, los verdaderos madrileños son unos provincianos, y si algún día surge un nacionalismo independentista capitalino será el de los forasteros que aman tanto lo que les dio Madrid que quieren hacerla capital del mundo mundial. Aunque luego resulte serlo Londres.

30/07/05

Derechos históricos

Los nacionalistas catalanes de izquierdas y de derechas, ERC y CiU, reclaman lo que llaman de derechos históricos de su región, evocando épocas en las que la mayoría del pueblo no tenía derecho alguno: eran siervos, patrimonio de la aristocracia.
Los derechos los ostentaban los señores que cobraban el paso por su territorio, decidían el uso del agua o de los pastos, usaban a sus plebeyos como carne de guerra y frecuentemente acudían a sus privilegios de pernada.
Los pueblos nunca tuvieron derechos históricos. Los privilegios eran solo para la aristocracia y el clero. En España la incipiente burguesía, y hasta los gremios eras vistos con sospecha. Podían ser judaizantes. El común de los súbditos eran carne esclava o semiesclava al servicio de sus amos, eran soldados capturados en levas obligatorias, y siervos, víctimas y también barraganas.
La nueva aristocracia nacionalista espera obtener privilegios alegando que el País Vasco y Navarra poseen ciertas prerrogativas con respecto a las demás regiones: cierto, pero son ventajas obtenidas como pago de la Corona de Castilla a los servicios de la nobleza vasca o de la fusión monárquica navarro-castellana.
Si amén de ser chocantes en el siglo XXI, se quieren crear nuevas diferencias, volvamos al verdadero pasado y organicémonos en tribus.
Debe ser atractivo retornar al Antiguo Régimen, a antes de la Revolución Americana, la Francesa y la Constitución española de 1812 que, aún siendo liberal, advertía que los criados, buena parte de la población, carecían de derechos electorales (Artículo 25.3).
Atractivo será, claro, para quien pertenezca a la minoría aristocrática, no a la plebe, y actualmente a la dirigencia de los partidos nacionalistas.
Derechos históricos: Marx fracasó proponiendo el colectivismo de la revolución comunista, pero diagnosticó acertadamente los derechos históricos que servían para explotar a las personas y comunidades humanas y geográficas más débiles.

29/07/05

III Guerra Mundial

Soy más libre cuanto más segura está mi vida, decía un eslogan que concienciaba a los británicos durante la II Guerra Mundial para que mantuvieran a oscuras sus casas y sus ciudades, lo que reducía los bombardeos de la aviación alemana.
Los ciudadanos tapaban las ventanas con mantas. Caminaba a tientas. Perdieron la luz nocturna, pero salvaron vidas: los aviones enemigos no sabían dónde atacar.
Muchos británicos creen ahora que están en la III Guerra Mundial. Lo mismo acaba de decir el presidente del Tribunal Supremo y de los jueces españoles, Francisco José Hernando. Saben que los terroristas, además de matar, pueden destruir nuestra civilización. Y llegará el Apocalipsis si consiguen las armas nucleares que tienen ya muy cerca.
Frente al terrorismo islamista, los ciudadanos de las democracias tendrán que volver a sacrificar algunas libertades para conservar el primer derecho humano: el de vivir.
Quienes conocieron las dictaduras se resistirán a perder autonomía. Pero ahora estamos en una situación de emergencia ante esta nueva guerra: habrá que someterse a controles, a cacheos, a vigilancia.
La policía matará por error a algún inocente, como al electricista brasileño demasiado abrigado y asustado que huyó cuando le dieron el alto en Londres. Aunque la mayoría de los ciudadanos apoyará la aplicación de esas medidas. Piensan que es preferible la seguridad de toda la sociedad a la libertad individual absoluta.
Europa está despertando tras medio siglo de paz letárgica. Renace su instinto de supervivencia. La seguridad es un derecho constitucional. Implica la aplicación forzosa de normas que garanticen el buen orden de la vida social. Y como las acciones terroristas se incrementarán, para sobrevivir deberá confiarse en las instituciones democráticas: no rendirse a la barbarie tiene, ciertamente, un coste, pero permite sobrevivir con dignidad.

28/07/05

ZP, con Blair

La Alianza de Civilizaciones, el proyecto de ZP copia de otro de los ayatolás iraníes de 1997, sufrió un recibimiento frío, pero envuelto en el elegante protocolo británico, cuando el primer ministro español se lo presentó este miércoles a Tony Blair en Londres.
Blair oyó cortésmente el plan y dijo que es muy interesante y que debería unírsele el mundo entero. Lo previsible. No podía desairar a su colega. Pero sabe que tal Alianza, más allá de la retórica usual de congresos y cancillerías, es imposible: la declaración islámica de los derechos humanos de el Cairo, de 1990, es radicalmente contraria a la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Porque los valores musulmanes, primitivos y sentimentales, difícilmente casan con el racionalismo occidental, al que ni siquiera se han acoplado mayoritariamente los gitanos después de siglos de convivencia: y solamente por causas sentimentales, no religiosas.
Los islamistas están matándose entre ellos por motivos religiosos. Los etarras matan a gente de su misma civilización por razones sentimentales: la tierra. Por sentimentalismo los gitanos no se integran. Y por sentimentalismo los islamistas y los etarras asesinan.
A ZP le desconciertan los yihadistas “porque matan gente sin la más mínima explicación”. Hay explicación: quieren imponerle al mundo leyes divinas, medievales, para las que asesinar conduce al Paraíso.
Obedecen a los sentimientos, a su sentimentalismo, no al racionalismo: exterminar por la fe, considerar a la mujer menos valiosa que el hombre, prohibir la libertad de pensamiento.
Conceptos de una civilización cuyos fanáticos nunca fueron pacíficos, sino expansionistas hasta que Europa, India y China los derrotaron.
Lo que sí está consiguiendo la Alianza de ZP es la adhesión de tiranías tercermundistas y alejarse de las democracias: aunque lo oculten discretamente, Blair, Schroeder y Chirac bromean sobre esa idea.
Claro que numerosos académicos, políticos, diplomáticos y periodistas nacionales e internacionales respaldan a Zapatero. Son personajes sobrecogedores: van a coger voluminosos sobres con euros que pagarán esos apoyos.

27/07/05

Pacifismo

José Luís Rodríguez Zapatero y José Bono son acreditados pacifistas que cuando viajan al extranjero venden armas, aunque las presentan no como artefactos para matar, sino como amistosos instrumentos tranquilizadores.
También lo hacían los gobiernos anteriores: Aznar y sus ministros comerciaban con esos utensilios, el 40 por ciento de ellos en países como Angola, India, Indonesia y Venezuela, muchos sometidos a embargo de armas por la Unión Europea. Felipe González, Calvo Sotelo y Suárez no fueron más escrupulosos, aunque nunca se presentaron como garantes de la paz mundial.
Por eso, España exportó 405,9 millones de euros en mercancía militar en 2004, el 5,9 por ciento más que en 2003. Gracias a estas operaciones, millares de españoles, pacifistas verbalmente o belicosos en realidad, viven de esa industria.
Zapatero ha dicho días atrás en Pekín que desea que se levante el embargo a la venta de armas a China y ha ofrecido allí las españolas, aunque pocas son de alta tecnología: los mejores contratos serán para Francia y Alemania.
El embargo había sido impuesto tras los sucesos de la plaza de Tienanmen, en 1989, en los que el Ejército Popular disparó contra el pueblo y aún no se sabe a cuánta gente masacró.
La oferta de armas de ZP casi no se divulgó porque la información se centró en que había vendido allí veinte Airbus, el avión civil europeo. Aparatos en los que España solo tiene el cinco por ciento de participación: Zapatero se adornó con honores que corresponden a Francia y Alemania.
José Bono dice que prefiere morir a tener que matar, algo desconcertante viniendo de un ministro de Defensa, pero también es un acreditado agente de las fábricas de armas democrático-pacifistas: tuvo un sonoro éxito de ventas en Venezuela, y acaba de repetirlo estos días en Arabia Saudita.
Démosle las gracias a ambos: detestando la violencia, sacrifican sus principios para mantener viva, dándole trabajo, a la poco boyante industria militar española.

26/07/05

Ruiz-Mateos

Debería ser la fotografía político-económica del mes: ocho miembros de la familia Ruiz-Mateos recibiendo este fin de semana a la alcaldesa socialista de Jerez, Pilar Sánchez, que iba a pedirles 600.000 euros como donación para su arruinado ayuntamiento.
Hace 22 años, en 1983, los compañeros de partido de Pilar Sánchez le habían expropiado a esa misma familia varios centenares de empresas, incluidos media docena de bancos, y habían enviado a prisión al patriarca, José María, como estafador.
Aunque criticada por respetados juristas, la expropiación se declaró constitucional. La mayoría de los ciudadanos la creyó justa porque, explicaba el Gobierno, aquél imperio estaba construido con aire.
Pero después vieron que daba gigantescas plusvalías a quienes habían ido comprándolo troceado. Descubrir lo turbio de aquella historia, y la posterior aparición de filesas y roldanes, hizo que muchos socialistas comenzaran a desconfiar de la honradez de su partido.
José María Ruiz-Mateos huyó al extranjero, desde donde denunciaba al Gobierno y al Opus Dei, organización a la que había pertenecido y que lo había traicionado, según afirmaba.
Extraditado por Alemania, y tras una etapa de cárcel en España, inició sus espectaculares actuaciones para llamar la atención. Disfrazado de Superman, por ejemplo, amenazaba “¡Que te pego, leche!” a quien había dirigido la expropiación, el exministro Boyer.
Luego fue opacándose, mientras que su mujer, Teresa Rivero, se hacía famosa como la primera presidenta de un club de Fútbol, el Rayo Vallecano madrileño.
Pero, como la abeja que es su emblema, iba reconstruyendo su colmena: un imperio industrial y financiero del que se habla poco. Aunque debe ser importante para permitirse concederle 600.000 euros para fines sociales a Jerez y prometerle gestionar la llegada de inversiones internacionales.
Cómo gira la historia: Ruiz-Mateos seguramente sonríe rumbosamente ahora, mientras que Pilar Sánchez y los suyos deben sentir vergüenza por tener que implorarle caridad a su experseguido.

25/07/05

Etarras muertos

La muerte en accidente de circulación huyendo de la policía francesa del presunto etarra Imanol Gómez González le importaría muy poco a la ciudadanía si no fuera porque sus conmilitones la aprovechan para reforzar el terrorismo callejero, la kale borroka.
Tampoco le preocupa realmente a los etarras de autoridad y a los nacionalistas de pedigrí, aunque ahora se manifiesten compungidos: quienes tienen apellidos autóctonos vascos ven a los Gómez González, de origen maketo, como a útiles bufones y eficaces matones, siervos que nunca pertenecerán a la aristocracia de la sangre.
Porque el independentismo vasco no es como el de los criollos cosmopolitas en las colonias de algún imperio, sino que forman el único grupo social español que nace del culto a una etnia orgullosa de su sangre limpia de maketos.
La sangre: hasta 1860, solo los vascos no necesitaban demostrar en España la ausencia de sangre judía y mora para acceder al ejército, la justicia, y la alta burocracia.
La desaparición de Gómez González, presentado por los proetarras como un mártir de los dos años sin asesinatos de ETA, permite también analizar los sentimientos que en el común de los españoles provoca que los terroristas se maten a sí mismos.
Gómez se estrelló en una carretera, pero es más común que los etarras mueran en alguna explosión accidental con las bombas que iban a colocar.
Era habitual que sus posibles víctimas reaccionaran ante los medios informativos cínicamente llorosas: “¡Qué gran pena, porque todos los muertos son iguales, qué dolor!”.
Pues, no: que un terrorista se mate accidentalmente no es un drama, sino un motivo de tranquilidad. Basta ya de la hipocresía de lo político-sentimentaloide correcto: cuando un terrorista no consigue satisfacer su instinto criminal, numerosas vidas salvadas.

24/07/05

Appeasement

Londres recuerda estos días que en 1938 el primer ministro británico, Neville Chamberlain, decía que el nazi más dialogante, casi pacifista, era Adolf Hitler.
Y dejó que el Fuhrer se quedara con los Sudetes porque apaciguaba a sus conmilitones, que creía que eran mucho más violentos. La cesión hizo más agresivo al agresor, condujo a la II Guerra Mundial, y le dio al apaciguamiento, appeasement, un sentido cobarde y peyorativo.
El alcalde de Londres, Ken Livingston, ha debido olvidarse de la historia y apoya a los líderes moderados del islamismo que le proponen a Tony Blair, tras los atentados de Londres, que negocie con Al Qaeda, igual que hace con el IRA norirlandés. Aunque quiere que se dispare hasta matar contra cualquiera que pudiera ser terrorista: las contradiciones de un ex trotsko.
En España también hay quien expresa comprensión hacia los autores de las masacres del 11M. Son los Chamberlain españoles, que en su infinita ansia de paz defienden el apaciguamiento: apoyan la cesión a los nacionalistas del término Nación y aceptan darle pequeños Sudetes a ETA y a los islamistas.
Gaspar Llamazares dice en un artículo en El País que el terrorismo se combate con serenidad. Serenidad. Y ZP afeó en China la conducta de los terroristas "que matan a la gente sin ninguna explicación". Textual.
Simultáneamente, algunos arabistas estimulados por oro oriental teorizan que apaciguar a los fanáticos nos traerá la ansiada paz infinita. Evitan añadir que habrá que ser condescendiente con una barbarie religiosa y asesina peor aún que la mitología nazi, y renunciar a propagar el racionalismo.
Con el appeasement seremos esclavos, oprimidos por un pensamiento iluminado, trastornado por una teocracia medieval, que es lo único que le falta a la civilización librepensadora de raíz ilustrada, racionalista, para suicidarse en aras de un dios salvaje, bestial.
Pero, si queremos, podemos vencer a sus adoradores igual que hacen los judokas: usando su fuerza a nuestro favor, explotando su tabúes y miedos, su propia superstición.
Nuestros antídotos contraterroristas: sus temidos cerdo y alcohol que los manda al infierno, no al paraíso. Usémoslos atacando su talón de Aquiles, como ajos y cruces contra Drácula.

23/07/05

Incendios

A España están incendiándola por todas partes, en los bosques y en instituciones como el Parlamento, donde los políticos echan chispas.
El enfrentamiento del miércoles entre los diputados Rafael Hernando, del PP, que aparentemente quería agredir a Alfredo Pérez Rubalcaba, del PSOE, es la muestra del talante incendiario que mantienen ambos partidos.
Ocurrió cuando Rubalcaba se cruzó con Hernando haciendo gestos de que era un caradura y llamándole mentiroso por expresar dolor por la muerte de once personas en el incendio de Guadalajara.
Hernando acababa de asistir al entierro de una de ellas, amigo suyo e hijo de un exdirigente del PP, y pareció que se lanzaba a agredir al socialista, lo que impidieron sus compañeros Acebes y Zaplana.
El contexto es el creciente enfrentamiento entre ambos partidos: el PSOE sufrió en Guadalajara algo peor que el hundimiento del Prestige, porque además de dejadez e incompetencia hubo once muertos, y el PP quiere aprovechar esa catástrofe repitiendo la utilización obsesiva que hizo el partido ahora gobernante de aquél accidente.
Pero estos enfrentamientos vienen gestándose especialmente desde el año 2000, cuando el PSOE comenzó a agitar la calle y el Parlamento contra José María Aznar, presión que fue creciendo hasta culminar en las manifestaciones previas a las elecciones generales que perdió Rajoy contra casi todo pronóstico.
Ahora, el PP está respondiendo con igual agresividad que el PSOE, que siempre tuvo la calle como medio para mostrar su poder popular, y los socialistas están reaccionando con irritado nerviosismo.
Es el PP quien se beneficia de la creciente ira de las masas sobrecalentadas que se manifiestan en las calles; así que los incendios no solo afectan ya a los bosques, como hizo vorazmente el de Guadalajara, gestionado con tanta torpeza por el PSOE como el Prestige por el PP, sino que se propagan fácilmente entre la ciudadanía.
Los fuegos dejan consecuencias a largo plazo, además de las ecológicas. Los socialistas han comenzado a cobrar el viernes en Castilla-La Mancha el mismo trato que le aplicaron a los populares en Galicia: abucheos y gritos exigiendo la dimisión, incluso, del presidente del Gobierno.
Algún día ambos partidos tendrían que dejar de lanzarse tragedias unos contra otros. Están destruyendo su credibilidad y el beneficiario es el gran enemigo de todos: el terrorismo nacional y, sobre todo, el islamista que nos ha declarado la guerra.

22/07/05

Soberanismo

Mientras ardían los bosques de Guadalajara esta semana, las autoridades de Castilla-La Mancha debieron pensar que su formidable incendio era exclusivamente suyo y que no iban a permitir que otras comunidades hollaran su sagrado territorio ayudando a apagarlos.
Ese soberanismo, incrementado con la hostilidad hacia las comunidades regidas por otro partido, fue lo que posiblemente hizo rechazar el socorro de los bomberos de Madrid, Castilla-León y Valencia, lo que contribuiría a la muerte de once personas.
Los españoles tienen un gravoso problema: están sometidos a diecisiete soberanismos regionales, exclusivistas, egoístas y celosos de sus competencias, de su geografía y de lo que pasa por allí.
Diecisiete estados de taifas y dos ciudades autónomas están gobernados por caciques, señores feudales de no importa cuál sea su partido, aunque mantengan mayor enemistad con los rivales ideológicos. Odian a quien se inmiscuya en asuntos que creen suyos y que pudiera reducirles el control de su finca privada.
Ocurre con los bomberos, con la negativa de las regiones ricas en agua a trasvasarla a otras sedientas, y hasta con servicios de urgencia, como los sanitarios: hay hospitales vascos que rechazan atender a heridos graves de otra comunidad, que es el summum del soberanismo homicida.
Posiblemente ZP le dará a los independentistas catalanes buena parte de la financiación que exigen para apoyarle, y lo que se lleven Carod y Maragall se lo quitarán, obviamente, a otras regiones.
Define Pérez-Carod a ZP como el primer presidente español que no es nacionalista español. Debe de ser cierto porque obliga a callar a los socialistas críticos con los independentistas y defiende más a éstos que al resto de los ciudadanos.
Por eso, está dispuesto a romper la solidaridad estatal hurtándole ingresos a Andalucía, Galicia, Canarias y Extremadura, especialmente.
Aunque dos de esas regiones están controladas por nacionalistas que, siendo más pobres, piden similar soberanía que los independentistas: soberanismo incendiario, quizás homicida.

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