Rodríguez Zapatero terminará viéndose obligado a sacar en procesión por los jardines de Moncloa la imagen del San Isidro, esa que tanto favoreció a Aznar trayéndole ocho años de lluvias.
También es desgracia: nada más llegar Zapatero al palacio monclovita, España comenzó a padecer una de aquellas pertinaces sequías que obligaban al general Franco a organizar rogativas con el brazo incorrupto de Santa Teresa y a construir pantanos.
Ora et labora, oración y trabajo, pero el laico Zapatero rechaza esa fórmula benedictina para que no lo tilden de beato o de franquista. Ni rezos ni pantanos como Franco, y menos aún las vías de la experiencia aznarista: San Isidro el labrador, el Plan Hidrológico Nacional y más embalses.
Pero debería saber el actual presidente que, aunque no siguieran el ora, los socialistas siempre promovieron el labora: Indalecio Prieto, ministro de Obras Públicas en la II República, y, seis décadas después, tras el franquismo pantanero, durante el mandato de Felipe González, Josep Borrell querían regar la España seca con un plan hidrológico precursor del aznarista.
Ahora parece un castigo celestial que el país esté escurriéndose y secándose al rechazar el Gobierno Zapatero el reparto del agua por presión de la independentista y minoritaria Esquerra Republicana de Catalunya, aunque después se le unieran otros grupos para no ser menos antiaznaristas.
Y no se trata de que los pantanos o trasvases fueran a construirse en un día o en cuatro años, sino que iniciar las obras cohesionaba el país al impulsar la solidaridad entre los españoles frente a las posibles catástrofes.
Ahora, San Isidro sestea por el jardín monclovita y espera: “Ya que no laboras, Pepe Luís, ya me rezarás, hombre, ya me rezarás”, masculla el sardónico campesino protector de Aznar.
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