En los días previos a la última Cumbre europea, cuyo fracaso hirió gravemente a la Unión, los medios informativos progubernamentales y los apologistas que esperan favores del palacio de la Moncloa anunciaban el futuro liderazgo continental de ZP.
Decían que Europa acataría su poder moral porque gracias a él España había aprobado la Constitución en referéndum, mientras que Francia y Holanda la rechazaban, y que además era el paladín joven y de talante abierto que Europa necesitaba para relevar al desacreditado Chirac y al agonizante Schroeder.
Pero ZP nunca será líder de nada que no hable castellano exclusivamente. Fíjese usted en la desairada situación que sufre en las cumbres internacionales. Aunque las televisiones españolas evitan esas imágenes, lo muestran las extranjeras: sonríe inocentemente al vacío sin hablar con nadie, aislado, mientras los demás charlan animadamente entre ellos.
Solo puede intercambiar algunos tópicos sobre las eternas nubes centroeuropeas que bajan hasta la nariz cuando Curro Moratinos le hace de intérprete.
Felipe González hablaba un francés bastante aceptable para esas reuniones. Le servía incluso para intercambiarse chistes con el imponente y entonces todopoderoso canciller Khol: impulsaron Europa, y nunca España había sido tan influyente.
Entre lo que sabía de francés y el inglés que estudiaba afanosamente durante su mandato, Aznar fue capaz de hacerse respetar, aunque no fuera simpático o agradable para sus pares, con excepción del cada día más importante Blair.
ZP solo sonríe vacuamente ante alguna cámara de TVE que toma ese primer plano para ocultar la cápsula de vacío que lo envuelve.
Entre tanto, otros españoles importantes que vienen de las primeras épocas del socialismo –Solana, Borrell, Almunia-- hacen lo que pueden para sacarle de su autismo.
Hoy España es muy poca cosa, no está en el corazón de Europa como anunciaba ZP, sino en zona de desecho.
Últimos comentarios