Los alemanes aterrorizaban Londres con sus bombas volantes V-2, pero la ciudad resistía, mientras los franceses organizaban fiestas en París para los nazis que los habían invadido.
Quien liberó a Francia de Hitler fueron los ingleses y los norteamericanos; el resto es la leyenda chovinista creada por ese país.
Como en España casi nadie sabe inglés, y el francés es idioma latino, los españoles se sienten más unidos al espíritu egoísta de sus vecinos que a la gallardía británica.
Egoísmo y gallardía que dominaron la Cumbre Europea de Bruselas, de cuyo fracaso París y la Moncloa culpan cínicamente a Tony Blair.
No quieren admitir que el Reino Unido es, con Alemania, el mayor contribuyente de la UE. A pesar del llamado “cheque británico”, que le devuelve parte de lo que entrega porque no recibe fondos agrícolas como Francia, o como España.
Londres aporta anualmente a la Unión el doble que París, capital que se beneficia de que el cuarenta por ciento del presupuesto comunitario vaya a la agricultura, especialmente a la suya.
Al extremo de que Douglas Alexander, el ministro de Blair para Europa, denuncia que París exigía en Bruselas seguir recibiendo más ayudas para el campo que Polonia y el resto de los países pobres de reciente ingreso.
Dice Alexander que es inmoral que cada vaca europea reciba dos dólares diarios de ayudas, cuando el planeta tiene mil millones de personas que viven diariamente también con la mitad o menos de esa cantidad.
Pero los franceses, con la complicidad propagandística española, culpan ahora del fracaso de la cumbre al Reino Unido, cuando este país proponía renunciar a su cheque si otros ricos cedían las subvenciones a los pobres recién incorporados.
Londres, como siempre, sigue resistiendo y descubriendo así las cobardías ajenas.
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