Carod-Rovira ha abandonado un homenaje en Israel al asesinado Isaac Rabin porque había una bandera de España en lugar de una senyera, enseña que él enarbola tembloroso de emoción recordando al héroe nacional catalán, Rafael Casanova.
En una pequeña entrevista reciente, una joya, en La Vanguardia de Barcelona, el crítico y ensayista Miquel Porta Perales aclaraba la historia patriótica del Onze de Septiembre de 1714, según la cual Casanova murió heroicamente luchando por la soberanía catalana.
-¿Qué tiene usted contra Rafael Casanova?, le pregunta su entrevistador, Víctor-M. Amela.
-Es un claro ejemplo de las tergiversaciones que en Catalunya difunde el nacionalprogresismo imperante.
-¿Por qué lo dice?
-Se le homenajea como héroe mártir de la resistencia contra Felipe V en Catalunya, pero lo cierto es que la noche del 10 al 11 de septiembre de 1714 estaba durmiendo, que tuvieron que despertarle y llevarle al frente y que allí fue herido muy levemente...
-O sea, que no murió.
-¡Qué va! Consiguió del médico un certificado de defunción, quemó los archivos, delegó en otro conseller la rendición, huyó disfrazado de fraile y se instaló en Sant Boi.
-¿Para seguir defendiendo Catalunya?
-Ejerció la abogacía felizmente, con el perdón de Felipe V. ¡Vivió como un rey en la corte del Borbón! Y así hasta su plácida muerte. Actuó como un botifler traidor.
-Si eso fue realmente así, ¿por qué los partidos catalanes le ofrendan flores cada año?
-Eso ilustra la manipulación, la invención de una historia de Catalunya en los días de la Renaixença, una fábula absoluta que nuestro nacionalprogresismo sigue perpetuando.
-Pero... ¿qué es el nacionalprogresismo?
-La ideología dominante en Catalunya, compartida por los nacionalistas como Pujol y los izquierdistas como Maragall.
Ahora, los colaboradores catalanes de Franco, tantos y tan notables, algunos de ellos dirigentes de la actual y de la anterior Generalitat, están construyéndose una leyenda antifranquista cargada de martirio y de dolor.
Maravillosas aristocracia y burguesía catalanas: desde Fernando el Católico mandan siempre los mismos, con distintos collares.
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