Esta es la historia de uno solo de los trece millones de españoles que fuman.
El doctor Calahorra estaba tan satisfecho como feliz su paciente: “La biopsia ha resultado negativa. No voy a aplicarle tratamiento, de momento. Dentro de tres meses haremos una revisión”.
El paciente de lo que empezó como cáncer de vejiga propio de fumador miró con admiración a su médico, ese urólogo que le había operado tres veces tranquilizándole antes: “Recuerde que usted es mi único enfermo”.
Para el doctor Calahorra todos sus enfermos son el único que existe en el atestado hospital madrileño de la Concepción.
España está entre los cinco países que mejor medicina pública tienen en el mundo gracias a médicos como éste. Y hay muchos miles así en la Seguridad Social.
En tres meses el fumador había pasado en el hospital otras tantas semanas, una por cada intervención laparoscópica. La Seguridad Social, con su ejército de médicos, auxiliares, quirófanos e instalaciones, pagaba las consecuencias del humo. Decenas de millares de euros.
En España hay trece millones de fumadores como él, que por el tabaco había sufrido ya un infarto unos años antes. Lo atendieron en el mismo hospital público. Tras llegar a urgencias, antes de tres minutos estaba conectado a varias máquinas y atendido por seis médicos y enfermeras.
Cuidados intensivos, dos semanas internado. Otro ejército de especialistas. Luego, un equipo de cardiólogos coordinados por el doctor Romero lo cuidaron como si fuera él su único enfermo. Para ellos, también, todos son únicos. Otra operación. Una válvula en el corazón. Carísima medicación de la que solo paga parte.
Para curar los destrozos del tabaco están esos médicos y auxiliares: héroes contra la muerte, hombres y mujeres abnegados, poco reconocidos y a veces maltratados.
Un fumador, y son trece millones: ¿durante cuánto tiempo podrá soportar la Seguridad Social pacientes así?.
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