El Congreso está dando los primeros pasos para dictar la ley del Estatuto del Periodista, que concederá carnés profesionales al gusto y bajo la vigilancia de los partidos políticos, los sindicatos y distintas agrupaciones que tienen poco que ver con la información, pero que desean controlarla.
ERC, PNV y el Grupo Mixto incluyen entre los consejeros que ayudarán a elaborar estas ordenanzas a Martxelo Otamendi, procesado por pertenencia a ETA en el caso Egunkaria, periódico que dirigía cuando fue cerrado en febrero de 2003 por la Audiencia Nacional.
El control político de los periodistas con la colaboración, además, de presuntos terroristas, es una declaración de guerra contra la Constitución y las libertades de información y de opinión.
Y ya no se trata de cómo acabe, mejor o peor, el Estatuto: es que la propia idea de crearlo destila desprecio hacia los ciudadanos y a su capacidad elegir la información que desean.
Para mayor escarnio de las libertades, este proyecto de ronzal fue presentado por Izquierda Unida: vigilar y censurar la información es una temible obsesión histórica del comunismo.
Esa IU que propone regular la libertad informativa de España es la misma que aplaude a Fidel Castro, que tiene encarcelados a 75 periodistas por pedir, simplemente, libertad.
La futura ley, además, comienza a elaborarse con mente antigua y reaccionaria: sus promotores ignoran que desde que existe internet información y opinión son ya incontrolables.
Los periodistas son, cada vez más, los propios ciudadanos. El fenómeno de las webs personales, de los blogs, y de las alianzas de unos y otros no permite censura alguna.
Aunque, inasequibles al desaliento, numerosos políticos aliados a la Sociedad de Autores (SGAE), proponen establecer un estado policial imponiendo un carné para internautas.
Alegan que hay pederastas, estafadores y piratas explotando la red: nueva simpleza, que sería como querer clausurar líneas aéreas y marítimas, los ferrocarriles, las calles y carreteras de todo el mundo porque también hay delincuentes que las aprovechan para sus felonías.
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