El libro “Cómo cambiar el mundo”, de David Bornstein, es en un fenómeno editorial en España desde que el presidente del Gobierno, José Luís Rodríguez Zapatero, le regaló un ejemplar a cada uno de sus ministros.
Una lectura piadosa, cargada de ideas estimulantes y compasivas, de 464 páginas, 20 euros y publicada por Debate. Nada que ver con el colectivismo reivindicativo y revolucionario del pensamiento socialista: presenta historias altamente inspiracionales sobre numerosas personas bondadosas y humanitarias que hay por el mundo.
Angelicales, abnegadas, con el corazón de oro, todo lo hacen gratis. Emprendedores o empresarios sociales que entregan su saber a una comunidad para mejorar su vida. Versión laica de las ejemplarizantes Vidas de Santos.
En Estados Unidos, J.B. Schramm consigue que jóvenes de bajos ingresos puedan acceder a la universidad; Verónica Cosa desarrolló en Suráfrica un programa de ayuda domiciliaria a pacientes de SIDA; en Brasil, Fabio Rosa ha contribuido a llevar la electricidad a cientos de miles de residentes en áreas rurales, y así muchos casos más.
Un encantador libro de autoayuda para desarrollar buenos sentimientos, talante humanitario y espíritu del estilo “Up with the People”: “Viva la Gente” cantando en alegre algarabía en lugar de “La Internacional”.
El socialismo que representa Zapatero se ha adaptado a los tiempos de los teletones, al ternurismo, los discursos y predicaciones sobre la buena gente. Abandona la ideología reivindicativa y no tiene planificación, pero el buenismo libera sentimientos piadosos. To er mundo e gueno.
Es la misericordia lo que hace que Zapatero quiera casar gays, por ejemplo, porque abandonada la doctrina sobre lucha de clases, revoluciones y justicia social para las mayorías, el actual socialismo español se expresa a través del talante piadoso con los desfavorecidos. Convertido en una religión postmoderna, rival de las tradicionales, su lema parece ser: “Socialismo es caridad”.
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