Asesorado por una empresa de marketing, ZP viste ahora elegantemente y ya no usa calcetines de canalé de media pierna que se caen, forman feas arrugas en los tobillos y enseñan la pantorrilla.
Debería prestarle sus estilistas al ministro de Exteriores: Moratinos muestra una imagen desaliñada que afecta a la de España, porque en diplomacia el lenguaje simbólico es tan importante como el fáctico.
Miguel Ángel Moratinos es desarrapado, se le caen los calcetines de canalé y sus chaquetas son estrechas para su tripita, depositaria de vinos de Burdeos, pero no de los españoles.
Muestra así la poca importancia que le concede a su propia imagen y a la de España. Aparece como representante de un país desgarbado que se minusvalora ante otros sumamente elegantes. Una España algo cochambrosa, devoradora compulsiva de canapés, en un mundo de atildadas cortesías.
Seguramente piensa “que digan lo que quieran de mi aspecto”. Si hacerlo ante Chirac solo produce una sonrisa conmiserativa del pulido francés, presentarse así ante Condoleezza Rice empeora aún más la visión de la incuria española que tiene la secretaria de Estado de EE.UU.
Ante Moratinos, esa mujer mira hacia otro lado, escapando de su aliento: el ministro español posiblemente padece halitosis.
Ella está orgullosa de sí misma. Ha superado la desventaja de ser afroamericana. Triunfó en su carrera académica y política. Se ciñe ropas sobrias y poco agraciadas que en EE.UU. son sumamente elegantes. Y cuida sin disimulo su imagen y su nariz.
EE.UU. no solo está a la greña con este Gobierno español por cuestiones políticas: es que los calcetines caídos de Moratinos, su tripilla inenvolvible en sus chaquetas y su posible halitosis, visto el gesto de Rice, presentan un país desastrado, carente de autoestima y hediondo.
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