La determinación del Rey consiguió que se disolvieran los militares golpistas del 23F. Y aunque constitucionalmente no pueda ordenarle ahora algo así a ZP, podría sugerirle que aceptara una novedosa propuesta de Alfonso Guerra: disolver las Cortes, porque la cohesión española está yéndosele de las manos.
Guerra cree que el descontrol regional que está produciéndose en España va a destruir el Estado, por lo que ha recomendado desde la revista socialista “Temas” que, tras disolver las Cortes, los políticos replanteen sus objetivos antes de presentarse a unas nuevas elecciones.
El problema es que el responsable del desaguisado por acción y omisión, José Luís Rodríguez Zapatero, se muestra tan jacarandoso sobre su trabajo que no detecta la llegada del tsunami que puede arrasarnos y disolvernos a todos.
Tiene motivos para su autismo: la oposición se muestra adusta y cascarrabias, pero inocentona, y en televisión sale tan bien que con unas frases frívolas embauca a gran número de españoles que lo oyen y miran extasiados.
Zapatero recuerda al campechano y sonriente ministro franquista José Solís Ruiz, quien, con su buen talante y fácil labia, conquistaba masas de inocentes hablándoles de los 25 años de paz del Caudillo. Populista aparentemente encantador, de vivir ahora, rivalizaría con ZP.
La gravedad del maremoto, que viene no de uno, sino de dos terremotos regionales españoles, la denuncia Alfonso Guerra, que fue vicepresidente de Gobiernos socialistas y cerebro del PSOE durante muchos años. Hace poco, Felipe González advirtió lo mismo, aunque no llegó a reclamar la evacuación general disolviendo las Cortes.
Estamos gozando de la playa antes del tsunami que puede devastarnos. González, Guerra y pocos más detectan la gran ola que viene, pero el director del hotel retoza como un adolescente y hace el pino para que lo admiren los bañistas.
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