Señor Presidente:
En Afganistán, donde los soldados españoles ayudan al nuevo régimen a ser menos brutal que los anteriores, todavía han lapidado a una mujer de 29 años acusada de adulterio, mientras que la policía saudita detenía este fin de semana a 40 cristianos por rezar en la intimidad de una vivienda de Riad.
Parece desconocer usted que la sharía es la irracional legislación islámica que puede ordenar asesinatos, persecuciones y torturas inhumanas como éstas en nombre de Alá. Que se aplica según la interpreten los clérigos en unas zonas y/o las autoridades en otras.
Y para hacerse amigo de este mundo copia usted la idea de la Alianza de Civilizaciones que ya había sido propuesta en 1997 por los ayatolás iraníes, seguidores ciegos de su dios y su sharía.
Por eso nos permitimos sugerirle que le exija a esos amigos que afronten los objetivos aliancistas derogando la legislación religiosa de cada área.
Porque su ansiada Alianza debería tener como objetivo "desarrollar y estimular el respeto a los derechos humanos y a las libertades fundamentales de todos, sin hacer distinción por motivos de raza, sexo, idioma o religión".
Otra meta ineludible debería ser "reafirmar la fe en los derechos fundamentales del hombre, en la dignidad y el valor de la persona humana, en la igualdad de derechos de hombres y mujeres y de las naciones grandes y pequeñas".
La primera frase entrecomillada pertenece a la carta fundacional de las Naciones Unidas, de 1946, y la segunda a la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de 1948.
Sepa que las otras partes seguramente nunca aceptarán esas metas, aunque las apoyen con entusiasta lenguaje de vendedor de bazar. Por tanto, es un sarcasmo proponer una Alianza de Civilizaciones con quienes solo acatan la voluntad de un Alá medieval.
Todo está inventado, Presidente. Hasta el concepto de Derechos Humanos. Por cierto: su Gobierno ya es conocido por ser el europeo que menos los evoca en las reuniones internacionales.
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