Los líderes europeos esperando nerviosos en Bruselas el saludo de Bush II: pugnaban por un gesto amistoso del Emperador, mientras el anfitrión de la foto de las Azores, Durao Barroso, sonreía triunfador como titular de la Comisión Europea.
Ceremonia de acatamiento al presidente estadounidense. Los líderes europeos aceptan sin reservas que George W., además de haber triunfado en Irak, ha cambiado las relaciones de poder en el mundo entero.
Porque el futuro régimen iraquí será amigo y su chiísmo, menos radical que el iraní, vencerá a los insurgentes y al terrorismo sunní. Además, notables líderes sunníes negocian ya con el nuevo régimen.
Muerto el protegido de Europa para rivalizar con EE.UU., Yaser Arafat, los actuales dirigentes palestinos quieren la paz y han aceptado que quien manda es el Emperador Bush. Lo que facilitará volver a la Hoja de Ruta para crear el Estado Palestino.
Ariel Sharon obedece: también quiere la paz y sigue las amistosas directrices estadounidenses.
Siria debe retirarse del Líbano, algo que Francia siempre rechazó. Hasta el pasado septiembre, cuando apoyó esa exigencia en la ONU para amigarse con el Emperador.
Todo el mundo está de acuerdo en que Irán tendrá que abandonar, inicialmente por las buenas, su plan de crear armas atómicas, y que EE.UU. y Europa deberán presionar al unísono a los países árabes para afrontar el plan de libertades enunciado por el Emperador.
En cuanto a Rusia o al extremo Oriente poco puede hacer Europa: en política y comercio el Pacífico ya es más importante que el Atlántico.
Así era la concepción imperial antes de la guerra de Irak. Ahora, Europa la sigue sumisa. Solo a los chicos fogosos y poco fiables Bush les dice displicentemente “hola, amigo, ¿cómo estás?”: como los rancheros texanos a sus aparceros mexicanos.
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