En 1983 Berlanga filmó “Todos a la cárcel”, una película sobre la corrupción de los políticos y de los empresarios en la primera etapa de la democracia, que realmente está repitiéndose ahora.
Juntos y revueltos convivían antiguos presos ideológicos del franquismo, sus carceleros, empresarios dándole comisiones a los mandamases y otros personajes dedicados al dinero y el sexo.
Espectáculo actual en las altas cúpulas políticas, empresariales y también de los medios informativos, porque esta vez el que era hace unos años un respetado grupo de comunicación, ha entrado en la pelea para incrementar su predominio, no para informar.
Todo nace de la debilidad de los grandes banqueros españoles, incursos en causas judiciales por su ingeniería financiera poco ortodoxa, unida a sus luchas por el poder.
Así, la actual dirigencia del Banco Bilbao Vizcaya Argentaria (BBVA) es producto del hundimiento de su antigua cúpula supuestamente corrupta. Circunstancia que aprovechó el Partido Popular para colocar como presidente a un financiero aznarista.
El banco marcha muy bien, y eso es muy malo: ahora manda el PSOE y quiere destituir al presidente pepero para colocar alguien prosocialista.
Para ello usa como ariete a una empresa constructora sumamente derechista, pero para el Gobierno socialista eso no importa: no es una guerra ideológica, sino para conseguir dinero privado y barato para los intereses partidarios.
Para apoyar este empeño entra en tromba el grupo PRISA haciendo que la cadena SER denuncie al presidente pepero del BBVA ante la Comisión del Mercado de Valores; no con información, sino generando un acontecimiento que crea la noticia: la sabia táctica con la que William Randolf Hearst, el Citizen Kane de Orson Welles, aceleró la guerra hispano-norteamericana.
Estamos ante un círculo perfecto de pillastres políticos, económicos e informativos. Tendremos que evocar a Berlanga y gritar: ¡Todos a la cárcel!.
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