Mansur Escudero, presidente de la Junta Islámica Española, ha aprovechado la decisión gubernamental de definir el enlace homosexual únicamente como matrimonio, y no de otra manera, para solicitar la misma consideración para las uniones poligámicas.
Aplicando el relativismo cultural, el multiculturalismo, el talante amable y la Alianza de Culturas de Zapatero, debemos darle la razón a Mansur Escudero.
Si consideramos arcaicas las convenciones judeocristianas y racionalistas que gobernaron nuestra civilización durante siglos, afrontemos la modernidad con valentía: digamos rotundamente sí a la poligamia.
Entrañable sistema familiar que nos devuelve a la España árabe. La del hombre que le pega a sus mujeres como recomienda el imán de Fuengirola. El que golpea no sabrá por qué lo hace, pero ellas, sí, dice el refrán árabe.
Lo que nos enlaza con lo mejor del arte patrio del gran macho, desde las canciones de Isaq al-Mawsili hasta Cela, con el Siglo de Oro y Don Juan por medio.
Tener varias mujeres nos garantiza una vida confortable: ellas trabajan para uno, y uno descansa en la tumbona mientras toma te, fuma narguile y charla con los amigos. Merece la pena, aunque no se pueda comer jamón ni beber vino más que a escondidas.
Otra característica de la poligamia: entre las esposas de Mahoma estaba una niña, Aisha, a la que poseyó cuando tenía nueve años de edad. Esta ciscunstancia histórica podría presentarse como ejemplar para aplicarla a la Alianza zapateril. El próximo paso será despenalizar la pederastia y plantearla como una virtud: Aisha fue de mayor una entusiasta divulgadora de la obra del Profeta.
La poligamia es el estado ideal del hombre. Basta de reivindicaciones reaccionarias. Hay que unirse a la demanda de Mansur Escudero y de todos quienes exigen reverdecer, modernizar, la definición de matrimonio.
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