Cuando estamos sometidos a una gran manipulación informativa que niega el derecho ciudadano a protestar pacíficamente contra el poder, es casi suicida tratar de establecer la verdad Pero debe hacerse.
Y debe decirse que quienes increparon el sábado en Madrid a José Bono hasta expulsarle de la manifestación de las víctimas del terrorismo no eran violentos, ni estaban organizados: eran asistentes que se irritaron cuando el ministro se puso a caminar entre ellos, alejado de los demás políticos, como si esperara un homenaje popular por sus especiales cualidades o triunfos.
Hay imágenes, y los rostros de quienes lo rodean son fácilmente identificables. El Gobierno debería preguntarse por qué esa gente común le era tan hostil. Aunque hubiera algún ultra casual entre ellos.
Los abucheos al ministro no fueron agresiones ni actos gravísimos, como denuncia Bono, exagerando la importancia del incidente. Quien revise las imágenes televisivas observará solo rechiflas y apretujones. No hay gritos, gestos, cantos, ni emblemas fascistas o violentos. Alguien levanta el asta de plástico de una bandera constitucional como para golpearle, pero hay brazos que lo impiden.
Fue un momento bochornoso, de duros insultos a Bono que no pudieron evitar la socialista Rosa Díez ni la expresidenta de la asociación de víctimas convocante, Ana María Vidal Abarca, que trataban de arropar al ministro de Defensa. Con ellas no iba la agresividad general.
Sorprendentemente, las televisiones no divulgan los momentos en los que una concejal socialista vasca perseguida por ETA, Gotzone Mora, que caminaba sola, era aplaudida y vitoreada por los que habían increpado al ministro.
Contraste: abucheos al populista Bono, aplausos a la valiente Gotzone Mora. Los manifestantes estaban indicándole al Gobierno que tipo de conductas detestan o admiran.
No puede tergiversarse lo ocurrido, convirtiendo a los asistentes en fascistas, cuando, si hubiera algún ultra cerca de Bono, es posible que tambien estuviera algún votante socialisa.
Algo está bullendo en mucha gente común. Expresar la irritación contra el Gobierno Zapatero no es necesariamente de ultraderechistas. A muchos socialistas les gustaría hacerlo también.
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