Oigamos los dos campanarios más notables y sonoros de la parroquia española, uno laico, que sería la cadena SER, y otro religioso, que pertenece a la COPE, de la Conferencia Episcopal.
Ambos encajan en la tesis de Robert Kagan, sobre Europa como dulce Venus y América como enérgica Marte. La SER sería la pancista Europa y la COPE, Estados Unidos. Coinciden también con las ideologías: Partido Socialista contra Partido Popular.
Oigamos sus discursos matutinos, con sus predicadores titulares, de estilos tan diferentes, pero con igual intención: que la parroquia rece sus liturgias.
Iñaki Gabilondo, de la SER, es pausado, y Federico Jiménez Losantos, de la COPE, apasionado. Mientras el primero estudiaba con el sutil Opus Dei en Navarra, el segundo se especializaba en dialéctica marxista-leninista.
Cambiaron sus fidelidades, pero mantuvieron las técnicas de catequesis y hermenéutica aprendidas en sus respectivos seminarios ideológicos. Y millones de personas siguen, creen e interpretan el mundo radiodirigidos por Iñaki o por Federico.
Los fieles de uno y otro, aunque son más los del rito Gabilondo, se vuelven crecientemente radicales en ciega defensa de sus creencias. Antes, los informadores no azuzaban tanto a sus seguidores. Ahora, los agitan, crispan e indignan, echándolos unos contra otros.
Suerte para otras cadenas: buscando paz, muchos fieles radioyentes están convirtiéndose a religiones diferentes, a otras emisoras menos dogmáticas.
Esto ocurre por las mañanas, pero a la noche se repiten las admoniciones: en la SER salta Carlos Llamas, vehemente, iracundo y adjetivador, y en la COPE, César Vidal, cuya cultura enciclopédica, acidez y profunda religiosidad desconciertan.
Y sigue la diferencia absoluta entre ambos campanarios al interpretar los hechos. Desde una izquierda cerrada, Llamas tañe centellas socialistas, y César Vidal, desde sus firmes creencias de derechas, repica pausada y solemnemente con inapelables leyes divinas que baja desde el Sinaí
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